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Marruecos es un país de fascinantes
contrastes por lo que recorrerlo supone un verdadero
placer, desde la costa hasta las cumbres más
altas, desde los lugares solitarios hasta las ciudades
imperiales con una nutrida historia en su pasado por
todo el país, todo ello acompañado por
la magnífica hospitalidad de sus gentes, una
verdadera delicia. El país se ha dividido en
7 zonas. Comenzaremos por Tanger y la Costa Mediterránea,
para continuar por las Ciudades Imperiales. De
aquí nos trasladaremos a Marrakech para
descubrir el impresionante Atlas. Viajaremos
seguidamente por Casablanca y por Agadir y
la Región del Sur. Finalizaremos nuestro
recorrido por las Ciudades Fortificadas de Marruecos.
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TÁNGER
Y LA COSTA MEDITERRÁNEA: DE TÁNGER
A OUJDA
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TÁNGER
En Tánger confluyen claramente
las culturas árabe y cristiana en perfecta armonía.
Fue el lugar elegido por artistas de la talla de Delacroix,
Matisse, Jean Genet y Paul Bowles y es una de las ciudades
más animada de Marruecos con una dilatada y trepidante
historia rica en ocupaciones y liberaciones, cartagineses,
romanos, fenicios, vándalos, árabes, españoles,
portugueses e ingleses han pasado, desde la fundación
original de Tingis en el siglo IV a.C., por este estratégico
y vital emplazamiento.
Esta ciudad tiene una parte antigua,
la Medina, ciudad típica árabe rodeada
de murallas con sus encantadoras callejuelas estrechas
distribuidas en un fascinante laberinto y la parte moderna
situada junto a los bulevares Pasteur y Mohammed V.
Un buen modo de conocer la Medina
es pasear por el Zoco Grande, un enorme mercado
situado a la entrada de esta ciudad árabe. Situado
a la entrada de la Medina, en el se pueden encontrar
todo tipo de artículos aunque tienen un encanto
especial los campesinos vendiendo sus cosechas y animales.
En este fascinante paseo se puede admirar la Plaza
de 9 de abril de 1947, centro de la actividad comercial
con el rastro, yutía, los cafés y la Mezquita
de Sidi Bu Abid con un minarete recubierto de hermosa
cerámica policromada situada en una de las esquinas
de la plaza. Bajando desde la Mezquita se llega a la
Mendubia, la residencia del mendub, encargado
de vigilar para el sultán a las potencias extranjeras
durante la época en que Tánger era zona
internacional y que en la actualidad es un tribunal.
Desde allí una larga rampa conduce hasta el monumento
en el que está grabado el discurso que Mohamed
V pronunció el 9 de abril de 1947, este monumento
está rodeado de hermosos jardines en los que
se puede admirar una enorme higuera india y un drago
que, según la leyenda, tiene ochocientos años
de antigüedad.
Desde el Zoco Grande al Zoco Chico,
su menor tamaño quizá aumenta su atractivo.
Está situado en una pequeña placita rodeada
por cafés y viejos hoteles que en tiempos de
los romanos era el foro de la ciudad, en una calle muy
cercana se levanta la Gran Mezquita y en frente
una iglesia española. Continuando por la Calle
de la Marina se pueden ver las tiendas que pertenecieron
a los judíos para acabar en Borj el Marsa,
la batería del puerto que es ahora un mirador
desde donde se puede contemplar una excelente vista
del puerto antiguo y la bahía.
Dentro de la Medina se encuentra también
el Consulado de los Estados Unidos, el primer
edificio diplomático de este país que
se estableció en el extranjero. En su interior
se pueden contemplar obras de Stewart, Shurch, Lecouteux
y Bel Alí R'Bati, mapas antiguos y muebles de
siglo XIX y periódicamente se organizan exposiciones
de pintores marroquíes contemporáneos.
La Kasbah es otro lugar de
gran interés situado al oeste de la Medina. En
ella se encuentra el Dar el Makhzen, antiguo
palacio del gobernador construido por orden de Mulay
Ismail en el siglo XVII, sede actual de el Museo de
Artes Marroquíes cuyas salas se encuentran alrededor
de un patio decorado con hermosos azulejos y donde se
pueden admirar objetos llegados de todo Marruecos, alfombras,
joyas, cerámica, telas y tejidos entre otros.
A su lado está el Dar es-Shorfa, palacio que
acoge el Museo de Antigüedades donde se
exponen alguno de los hallazgos arqueológicos
de la región de Volubilis. En la plaza principal
de la Kasbah, meshuar, se levanta la Mezquita
Bit El-Mal con su minarete octogonal. También
son de interés en la Kasbah el Dar esh-Shera,
antiguo tribunal, la Plaza de la Kasbah desde
donde se puede admirar una hermosa panorámica
de la bahía y las callejuelas que la rodean con
sus casas bellamente decoradas. También la gran
Puerta de Bab Erraha y la Bab el Aissa,
la puerta de la Vigilancia.
En el Barrio de Marshan destacan
el Palacio Mendoub propiedad del multimillonario americano
Malcom Forbes donde se pueden contemplar en el conocido
como Museo Forbes más de ciento quince
mil figuritas militares que representan batallas famosas
como Waterloo, Somme o la Batalla de los Tres Reyes,
entre otras. Para terminar la visita al Museo nada mejor
que pasear por su hermoso jardín colgante y contemplar
la estupenda vista del Estrecho de Gibraltar.
De la Medina a la parte más
moderna de la ciudad, la Ciudad Nueva se abre
con el Boulevard Pasteur que nace en la Plaza
de Francia donde se construyó el Consulado
de ese país. A los lados de este boulevard se
encuentran edificios de este siglo ocupados por bancos
y tiendas de lujo y finaliza en el Boulevard Mohammed
V. En la calle que une la Plaza de Francia con la
Plaza del Zoco Grande se encuentra el Hotel Minzah,
realmente hermoso con su patio andaluz, sus salones
árabes, fuentes, jardines y una excelente atención
que han disfrutado entre otros personajes famosos Winston
Churchill, Rita Hayworth y Bernardo Bertolucci que vio
en este hotel el entorno ideal para rodar 'El Cielo
Protector' basada en la novela de Paul Bowles.
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DE
TÁNGER A OUJDA
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Cabo Malabata
El Cabo Malabata, a diez kilómetros
al oeste de Tánger, ofrece la posibilidad única
de disfrutar de las aguas tanto del Atlántico
como del Mediterráneo. Al final de este hermoso
recorrido por carretera, paralelo a una costa recortada
por calas, un viejo faro ofrece una buena panorámica
de Tánger y de su estrecho. Antes de llegar al
faro se pueden contemplar las ruinas de una antigua
fortaleza portuguesa del siglo XIV denominada Ksar-es-Seghir
y en la actualidad se está construyendo un Complejo
Balneario que contará con todas las comodidades
y diversiones incluido un puerto de recreo y un lago
artificial en el que se podrá practicar el winsurfing.
En toda la zona se pueden disfrutar hermosas playas
y calas de arena fina donde bañarse en un marco
natural de gran belleza.
Cabo Espartel, las Grutas de Hércules
y Cotta
En dirección noroeste, a doce
kilómetros de la ciudad, las aguas del Atlántico
se funden con las del Mediterráneo frente al
Cabo Espartel. también cuenta con fantásticas
playas de arenas color ocre que se alternan con los
bosques de alcornoques, encinas, robles y palmeras.
A poca distancia el incesante movimiento de las olas
han creado las Grutas de Hércules, que
estuvieron habitadas ya en tiempos prehistóricos
y aún se pueden contemplar marcas circulares
talladas en esa época. Estas grutas naturales
son inundadas por el mar durante la marea alta y según
cuenta la mitología griega fue en estas grutas
donde Hércules descanso después de finalizar
sus doce trabajos. A tan solo 500 mt. de las Grutas
se pueden contemplar las ruinas romanas de Cotta
datadas en los siglos I y II de nuestra era con restos
de un templo, termas, granjas, almazaras de aceite y
fábricas de garum.
Larache
Larache, a 96 Km. al sur de
Tánger, fue conocido en tiempos de los
romanos como Lixus, aún se conservan en buen
estado la acrópolis, el templo y el teatro al
igual que las termas, espectacularmente decoradas por
un conjunto de mosaicos de sesenta metros cuadrados
que representan el rostro del dios Neptuno. Cuenta la
leyenda que fue en esta ciudad donde Hércules
llevó a cabo su undécimo trabajo, recoger
las manzanas de oro. A parte de las ruinas romanas destacan
la Plaza de la Liberación con sus casas con arcos
típicas de Andalucía, la Fuente Antigua,
la Alcazaba, el Museo Arqueológico y, en especial,
el Castillo de la Cigüeña construido por
los portugueses hechos prisioneros en la Batalla de
los Tres Reyes.
Tetuán
Tetuán, esta antigua ciudad
se aferra firmemente a las alturas del Rif, mirando
de soslayo el intenso verdor del valle del río
Martil, desde las azoteas de sus blanquecinas casas.
Obra de árabes y andaluces, Tetuán simboliza,
como ninguna otra, la armoniosa diversidad cultural.
La veintena de mezquitas y santuarios
repartidos por Tetuán se sumergen en el eco que
brota de sus callejuelas pavimentadas con guijarros,
las mismas que llevan hasta una serie de relajantes
y frescas plazoletas. En esta ciudad, tradicional hasta
la médula, cada gremio tiene su espacio natural
en forma de plaza o calle, de hecho, la visita a la
ciudad suele iniciarse en la Plaza El-Jala donde
se pueden contemplar los restos de las murallas de la
ciudad. La vida cultural es apreciada en este tranquilo
lugar y uno de sus tesoros en este aspecto se encuentra
a poca distancia de la Plaza, el Museo Arqueológico
donde se exponen herramientas, monedas, estatuillas
y mosaicos que se conservan de la era prehistórica
y de la preislámica, además de albergar
una de las mayores y más completas bibliotecas
del Magreb con más de 60.000 volúmenes.
La Plaza Hassan separa la parte
antigua de la ciudad de la más moderna. En ella
está situado el Palacio del Jalifa, actual
palacio real y desde allí el visitante se adentra
en la Medina a la que se puede acceder por más
de siete puertas labradas aunque la entrada a la ciudad
vieja es la Bab El-Oqla, si se camina hacia la
parte más antigua se encuentra el Museo de
Artes Marroquíes donde se pueden contemplar
maravillosos trajes regionales e interesantes instrumentos
musicales, mientras que si se camina en dirección
a la zona moderna se accede a la Escuela de Artes
y Oficios Tradicionales, donde se enseñan
las técnicas artesanales de tejido de alfombras,
curtido del cuero, creación de mosaicos, la escultura
el madera y yeso y pintura y se pueden contemplar las
mejores creaciones de profesores y alumnos.
En la Medina se pueden admirar también
la Mezquita Sidi Saidi, el Jardín Moulay
Rachid, el cementerio musulmán, El
mellah antiguo barrio judío, los mercados
de Souk el Hots, Guersa el Kebir, la calle de Souk el
Foki y la plaza Oussa y para finalizar el recorrido
el Museo Etnográfico, situado en la antigua
fortaleza del sultán Moulay Abderrahman, guarda
objetos de la vida cotidiana de los marroquíes
que han habitado estos lugares, trajes, sillas de montar,
armamento, etc. y el Balneario de Cabo Negro,
al norte de la ciudad, con relajantes playas y más
de 90 caminos por los que pasear.
Chefchaouen (Xauen)
Chefchaouen, a 60 km. al sur
de Tetuán, es una preciosa ciudad santa con una
veintena de santuario y mezquitas como la Gran Mezquita
con su minarete octogonal o el Santuario de Mulay
Alí Ben Rashid, fundador de la ciudad. Además
Xauen ofrece encantadoras callejuelas pavimentadas con
guijarros con puertas de un color entre azul y malva,
balcones de hierro, cornisas esculpidas y otros muchos
encantos escondidos en su Medina donde además
se pueden admirar un molino de viento aún en
activo y otro de aceite que en otros tiempos estuvo
accionado por mulos. En la Kasbah destaca la
Torre del Homenaje, antigua prisión convertida
hoy en museo de artesanía local. Resulta muy
animado su mercadillo.
Al-Hoceima (Alhucemas)
Alhucemas está situada
en el centro de la costa mediterránea marroquí.
Es una encantadora población de casas blancas
con una magnífica playa bordeada por un impresionante
acantilado.
Montes Beni-Snassen
Estos montes ofrecen un espectáculo
natural de gran belleza. Estas pequeñas elevaciones
cubiertas de bosques tienen como máximos atractivos
la Gruta del Camello con su manantial de agua
caliente y sus salas repletas de estalactitas, la Cueva
de la Paloma con enterramientos que se remontan
al Neolítico y el Desfiladero del Zegzel,
más apropiado para los amantes del riesgo.
Oujda
Ciudad milenaria en la forentera este
de Marruecos. Oujda cuenta con los restos de la muralla,
el zoco y la Bab Abdelwahab como máximos atractivos.
Se puede tomar la carretera de las montañas de
Bení-Snassen, donde se encontrará con
un espectáculo asombroso: las Gargantas del Zegzel,
de abruptas paredes horadadas de grutas.
Saidía
Saidía cuenta 18 km. de maravillosas
arenas blancas en la que disfrutar enormemente y con
la cercanía de la desembocadura del río
Moulouya, reserva ornitológica natural, un verdadero
paraíso para las aves y los humanos que las contemplan.
Figuig
Al sur, el contraste más
absoluto: cuatrocientas mil palmeras en jardines cercados
por muros de adobes con cristalinas y alegres cascadas
protegidos por siete espléndidos Ksours. Así
es Figuig, un oasis en el fin del mundo.
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CIUDADES
IMPERIALES: RABAT, MEQUÍNEZ, FEZ Y MARRAKECH
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La capitalidad de Marruecos ha recaído
a lo largo de la historia sobre cuatro grandes ciudades.
Rabat, Mequínez, Fez y Marrakech, conocidas como
las Ciudades Imperiales, han compartido, en distintos
períodos, este gran honor.
RABAT
En el siglo XII, el gran conquistador
almohade Yacoub el-Mansour decidió honrar a Rabat
con la capitalidad del país. Así pues,
en los dos siglos siguientes, los merínidas construyeron
la necrópolis de Shellah y la Gran Mezquita sobre
la que fue ciudad romana denominada Sala Colonia. Después
serían los andalusíes los que tomarían
el relevo en el siglo XVII instalándose en Salé
el Nuevo, la actual medina de la capital y en 1627,
durante 12 años, se instauró una república
de corsarios bajo el nombre de República de las
Dos Orillas que serían controlados por Mulay
Ismail en a partir de 1672 finalizando totalmente en
1818 con el reinado de Mulay Sliman. En 1912 el general
Layautey, bajo el gobierno del Protectorado francés,
elige Rabat como capital de Marruecos, y así
continua hasta nuestros días.
El centro de la ciudad se conoce como
la Explanada de la Torre de Hassan y tiene como
enclaves la Torre de Hassan, minarete de la mezquita
proyectada por Yacoub el-Mansour como una de las mayores
del mundo y que nunca llegó a finalizarse, sólo
permanecen la Torre de 44 mt. dentro de la cual y a
través de una rampa se accede a las distintas
salas que pueden acoger a cuarenta mil fieles durante
la oración y un campo de doscientas columnas,
la Puerta de los Vientos, Bab er Rouah, la única
que se conserva del período almohade del siglo
XII y el Mausoleo Mohamed V, en recuerdo del
sultán que propició la independencia del
país, construido por el arquitecto vietnamita
Vo Toan entre 1961 y 1969 según los modelos de
las necrópolis reales tradicionales.
Cercano se levanta el impresionante
Palacio Real, residencia del Rey y sede del gobierno
desde 1912. Construido en 1864 sobre las ruinas del
antiguo palacio erigido a fines del XVIII por Sidi Mohammed
Ben Abdallah. El recinto acoge la corte suprema, el
colegio imperial, la mezquita Ahl Fas desde la que el
rey dirige la oración de los viernes, un antiguo
cuartel de esclavos, un pequeño hipódromo
y los cuarteles de la Guardia Negra. Frente a este palacio
se encuentra la Universidad Mohammed V, la más
grande del país.
La puerta sur de Rabat, Bab Zaer,
edificada por los almohades en el siglo XIII y restaurada
en el XVII, conduce a la Necrópolis de Shellah.
Esta necrópolis está ubicada en el antiguo
enclave romano de Sala Colonia abandonado en el siglo
IX, transformada en un inmenso cementerio por los meriníes
en el siglo XIV y destruida por un terremoto en 1755,
únicamente se conservan el minarete de la zauía
y el de la Mezquita de Abu Yusef Yacub, la Tumba de
Abu El- Hassan, la de su esposa europea convertida al
Islam, Shams-ed-Duha y la Fuente de los Cañones
con sus anguilas que según la creencia popular
solucionan los problemas de esterilidad. En 1931 comenzaron
las excavaciones que permitieron descubrir las ruinas
romanas de Sala en las que se pueden contemplar
los restos del mercado, el foro, las termas, una casa
de placer y varias tiendas terminando en el Edificio
de la Curia construido por el emperador Trajano entre
los años 98 y 117.
La Kasbah de los Oudaïas
es otro de los atractivos de la ciudad imperial que
merece la pena visitar. Esta antigua fortaleza fue construida
por los Oudaïas, tribu procedente de Arabia que
durante los siglos XVIII y XIX conformó la guardia
del sultán, durante el reinado del sultán
alauita Muay Ismail fueron quienes defendieron la ciudad
de las incursiones de los zaer. En la muralla que la
rodea, construida por los almohades, destaca la Puerta
de los Oudaïas de piedra rojo ocre tallada
considerada como una obra maestra del arte islámico.
En el interior, actualmente convertida en un pueblecito
de casas blancas típicamente andaluzas destacan
el Palacio de los Oudaïas, el Cementerio
el-Alu, la Fortaleza de Mulay Rashid, la
Mezquita Yamaa el-Atiqa, la más antigua
de Rabat, la puerta labrada de la Dar Baraka,
un semáforo del siglo XVII situado en
la calle Yamaa, la Torre de los Corsarios, la
Torre Circular y el Jardín Andaluz
de la calle Bazzo creado en la primera veintena de siglo.
Resulta muy interesante el Museo de las Artes Marroquíes
de la capital instalado en un palacio en la parte baja
de la kasbah con su exposición de cerámica,
trajes, alfombras, instrumentos musicales y armaduras
entre otros objetos.
La Medina de Rabat está
separada del centro de la ciudad por la Muralla de
los Andalusíes y en su interior unas sesenta
hectáreas se abren alrededor de tres calles principales,
Sidi Fatah, la calle de los Cónsules
y la calle Suiqua está tomada por los
foundouks o cafés tradicionales, además
de una buena cantidad de variados puestos en los que
se puede encontrar los más variados artículos,
en una de sus esquinas se levanta la Mezquita de
Mulay Sliman y más adelante la Gran Mezquita
construida en la segunda mitad del siglo XII. Al
otro lado de la Gran Mezquita aparece la Catedral
de San Pedro inaugurada en 1921 sede arzobispal
de Rabat. Enfrente se encuentra la Madrassa creada
en 1333 por el Sultán Negro, Abu el-Hassan y
callejeando un poco se descubre el Museo Arqueológico
donde se exponen los mejores objetos descubiertos en
los lugares prehistóricos y prerromanos del país,
Volubilis, Banasa y Lixus, es muy interesante la sala
de los Bronces. En la Calle de los Cónsules
fue el lugar en que antaño habitaron, hasta
1912, los representantes diplomáticos destinados
en Marruecos. Recorriendo está calle se llega
al antiguo mercado de esclavos donde hoy en día
se venden alfombras en animadas subastas y permite acceder
al antiguo barrio judío. Son de interés
también en la medina el Morabito de Sidi Abdallah
Ben Hasun, el patrón de Salé cuyos
restos reposan en este edificio del siglo XIX y el Morabito
de Sidi Ben Ahir, cementerio musulmán de
enormes proporciones donde descansan los restos de este
magnifico gramático y poeta al que se atribuyen
propiedades milagrosas.
La ciudad cuenta, además, con
modernas instalaciones adecuadas para la práctica
del golf, la equitación, la navegación,
el submarinismo y todo tipo de actividades marinas.
En las cercanías de la ciudad
destacan, a tan sólo trece kilómetros
de distancia, Temara, una magnífica playa
de arenas doradas con su piscina natural y con un moderno
zoo donde habitan las más variadas y extrañas
especies de animales, el Bosque de Mamora paraíso
de alcornoques y eucaliptos, los Jardines de Sidi
Buknadel, a 12 km. al norte de la capital, donde
se pueden contemplar reconstrucciones de paisajes de
todo el mundo, el Lago de Sidi Burhaba y Mehdiya
ciudad fortificada en el siglo XII.
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MEQUÍNEZ
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En el siglo X, la tribu nómada
de los beréberes de Meknasa decide asentarse
a orillas del oued Boufekrane por la benignidad de su
clima y la fertilidad de sus tierras, levantando unas
precarias aldeas ajardinadas que recibirían el
nombre de Meknassa Ez Zaitoun.
La llegada de los almorávides
tiempo después supone la fortificación
de este espacio. Los almohades y, posteriormente, los
merínidas construyeron mezquitas y madrassas
en una ciudad que, en 1672, alcanzaría la capitalidad
del Reino alauita. Moulay Ismaïl convirtió
la villa de Mequínez en capital política
y militar de estilo presahariano. Durante un período
de cincuenta años se trabajó intensamente
en la construcción de todo tipo de edificaciones,
fuentes, jardines, terrazas, mezquitas y palacios, para
cubrir el enorme perímetro marcado por las murallas
de la ciudad.
Estas murallas rodean la parte
antigua de la ciudad a lo largo de 40 km. en la que
destacan Bab Berdain, puerta del siglo XVII decorada
con cerámicas verdes y Bab el Jemis, la
entrada principal al barrio judío. Detrás
de las murallas se abre el Estanque de Agdal,
de cuatro hectáreas, que servía para regar
los Jardines de los Sultanes y en tiempos de
escasez como reserva de agua para los habitantes de
la ciudad. En la parte sur se encuentra Dar el-Ma,
casa del agua, con los contiguos Graneros Heri es-Suani,
impresionantes edificios destinados a almacenar reservas
de comida para los malos tiempos y también para
dar cobijo y alimentar a los cerca de 12.000 caballos
de su ejército. Este impresionante conjunto se
compone de 23 naves con muros de 7 mt. de espesor y
canalizaciones subterráneas que dotaban del frescor
necesario para la conservación de los alimentos.
Estos inmensos graneros estaban unidos
por el meshuar al Palacio Imperial, Dar el-Majzen,
que reunía todos los elementos de la arquitectura
marroquí. Anterior residencia de Mulay Ismail
fue el Dar Kebira, rodeado de una triple muralla
con más de viente pabellones y dos mezquitas
como la de Lalla Auda. A su lado se levanta el Mausoleo
de Mulay Ismail que es uno de los pocos monumentos
religiosos que pueden visitar los no musulmanes. Este
mausoleo acoge una mezquita, la cámara funeraria
de Mulay Ismail ricamente decorada en la que se encuentran
también las tumbas de su esposa y sus sucesores,
en el suelo recubierto de alfombras se pueden admirar
los hermosos relojes que le regaló Luis XIV,
un patio decorado con mosaicos y azulejos que da paso
al mihrab de escayola esculpida.
Al lado se levanta el Quba el-Jayyatin
donde el sultán acostumbraba a recibir a los
diplomáticos extranjeros. En los subterráneos
se encuentra la conocida como Prisión de los
Cristianos que también habrían servido
como silos.
La Plaza de Lalla Auda, muy
animada al caer la tarde, está resguardada por
dos gigantescas puertas: la de Bab en-Nouar y la de
Bab el-Mansour, una de las más hermosas de todo
el Magreb.
La Medina se agrupa alrededor
de la Gran Mezquita y desde ella se van desplegando
los distintos barrios de la ciudad antigua que están
agrupados por oficios, cuchilleros, hojalateros, tintoreros,
cesteros, tejedores, herreros, vendedores de instrumentos
musicales, armeros, carpinteros y otros más.
En el barrio de los zapateros se levanta la Madrassa
Bu Inania cuya construcción se inicio bajo
el reinado de los meriní y finalizó en
el siglo XIV.
Son de interés también
en Mequínez el Dar el-Beida, fortaleza
de finales del siglo XVIII y el Cementerio Musulmán
con el Qubba de Sidi Mohammed Ben Aisa, venerado
en vida ya que según cuenta en saber popular
transformaba las hojas de los árboles en monedas.
En la antigua ciudad romana de Volúbilis,
en la que las legiones construyeron sus fortificaciones
y sobre la que se asentó Mequínez, todavía
se pueden admirar las ruinas del foro, el templo, el
capitolio, la basílica, un arco monumental, mosaicos,
fragmentos de esculturas, obras de arte, relojes solares
y utensílios de cocina. Los Baños de Gallien
han mantenido en pie casi intactos los muros de las
diferentes salas de agua donde venían a purificarse
los amantes de los baños públicos y los
hermosos mosaicos de los antiguos palacios resultan
magníficos.
El Zerhoun con sus arboledas
de encinas en la cima, olivares, huertos de perales
y manzanos, plantaciones de limoneras y viñas
ofrecen un paisaje deslimbrante para los amantes de
la naturaleza que visiten la zona.
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FEZ
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Fez fue fundada el año 799
aunque alcanzó su máximo esplendor con
el reinado de la dinastía Meriní desde
1248 hasta el 1541. Fue en el año 809 cuando
oficialmente Fez se convierte en la primera capital
del Reino, aunque volvería a ostentar esta condición
en dos ocasiones más: en el siglo XIII, bajo
el dominio de los merínidas y en el siglo XIX,
durante el reinado de Moulay Abdallah.
Esta ciudad, centro espiritual y cultural
tradicional de Marruecos repleta de vida y de contrastes,
nació como Fez el Bali, aunque de un tamaño
tan reducido que los merínidas, al tomarla, decidieron
extenderla fuera de los muros. Los magníficos
palacios quedaron convertidos en un reducto nobiliario
rodeado por escuelas coránicas, mezquitas, zocos
y jardines, lo que se ha dado en llamar Fez el Jedid
o Fez la Nueva. Sin embargo, los trazos modernos de
corte europeo que hoy se aprecian, son posteriores a
la Primera Guerra Mundial.
En las calles de la ciudad nueva se
mezclan encantadores de serpientes, vendedores de alfombras
y artistas callejeros, entre otros, ofreciendo un espectáculo
difícil de olvidar. En la Plaza de los Alauitas
se levanta imponente el Dar El-Majzen, el Palacio
Real, complejo compuesto por varios palacetes, plazas,
jardines, una mezquita, una madrassa y una casa de fieras,
la visita al interior no está permitida. Desde
la Plaza es una delicia pasear por la Cale Bu Jesisat
con sus casas decoradas con madera e hierro forjado
y, en especial, por la Calle de los Meriníes
que se adentra en la mellah, la antigua judería
conde todavía se pueden encontrar tiendas de
orfebres judíos y se pueden admirar el Palacio
Yamal y las hermosas casas con preciosos balcones de
madera tallada y fachadas de color. Resulta impresionante
el inmaculado cementerio israelita.
Continuando en la ciudad nueva por
la Puerta Bab Dekakène, de tres cuerpos,
se alcanza la Gran Calle con sus dos mezquitas Yamaa
el-Hamira, de color rojo y Yamaa el-Beida,
blanca. Muy cercana se encuentra Yamaa el-Azhar
de estilo andalusí y en la pequeña plaza
de armas situada en los aledaños se levanta la
Mezquita Mulay Abdallah con su minarete de 25
mt. decorado con cerámica verde aunque más
importante es la Gran Mezquita de Abu Haq construida
en 1276.
Volviendo nuevamente atrás
en la Historia, concretamente al siglo XIII, es preciso
reseñar el asentamiento de 8.000 familias árabes,
expulsadas de Andalucía por los ejércitos
cristianos, en el margen derecho del oued de Fez. Cien
años después se asentarían cerca
de 2.000 familias keruanesas en la otra orilla, sembrando
el germen de los dos barrios que darían vida
a Fez el Bali. La unión entre Fez el Bali
y Fez el-Yedid se realiza en la Plaza del Pachá
el-Babdadi, a su lado se encuentra el Palacio
Dar Baza en medio de jardines andaluces y cuya construcción
se realizó a fines del XIX por Mualy Hassan.
En su interior se encuentra el Museo de las Artes
Marroquíes con una interesante muestra de
cerámica, curiosos astrolabios de distintas épocas,
telas bordadas en oro, coranes iluminados y maravillosas
alfombras, entre otros. Cercana se abre uno de los símbolos
de la ciudad, la Bab Bu Yelud, puerta de la muralla
del siglo XVIII decorada con cerámica esmaltada
de color azul y verde.
Cruzar esta maravillosa puerta supone
adentrarse en un mundo fascinante, la Medina
de Fez, la mayor de todo el Magreb nombrada patrimonio
mundial por la UNESCO desde 1976, por lo que es conveniente
recorrerla bajo las directrices de un buen guía
ya que es fácil perderse por las intrincadas
calles que la componen. Las vías principales
son Talaa Kebira y Talaa Seguira y es
aconsejable tenerlas siempre como referencia ya que
esta medina puede tener más de un millar de callejones
sin salida y otras tantas callejuelas.
Continuando el recorrido por Fez el
Bali encontramos otros muchos lugares de interés
como la Madrassa Bu Inania, la mayor de la ciudad
construida por los meriníes en el siglo XIV.
Bellamente decorada, todo el edificio está adornado
con mosaico, yeso y madera de cedro. En frente se encuentra
el Dar el-Magana, la casa donde se conservan
los restos de un curioso reloj de agua que está
siendo restaurado. En la Playa Neyyarin se puede
admirar su peculiar fuente y el Funduq en-Neyyarine,
antigua casa de huéspedes convertida en mezquita.
Muy cerca se percibe la maravillosa mezcla de aromas
que despliega el mercado de las especias donde
se pueden adquirir a buenos precios estos deliciosos
aderezos y también gena. Del mercado de las especias
al de los tejidos, la Kisariya donde se encuentra
la Tumba Sagrada de Mulay Idriss II y la Gran
Mezquita de Qaraouiyne, prohibidas para los no musulmanes.
Muy cerca se encuentra la madrassa más bonita
de Fez, la Madrassa Attarine, de pequeño
tamaño fue construida por el sultán Abou
Said en el siglo XIV en estilo hispano-marroquí.
Un lugar original para visitar es
el Barrio de los Curtidores donde se pueden ver
las pieles y lanas secándose al sol y las tinas
con los brillantes colores de los tintes en su interior.
Del Barrio de los Curtidores al Barrio de los Andalusíes
donde se levanta la Mezquita del mismo nombre
construida con el dinero enviado por Abderramán
III en el año 956 y reconstruida totalmente en
el siglo XIII por En-Naser.
Durante los recorridos por Fez el-Bali
se descubrirán en cualquier rincón los
numerosos palacios que se esconden en esta zona, Dar
Caid Bel Hasen dividido en la casa de los propietarios
y la de los criados, Dar Zuiten con una escuela
religiosa en su interior, Dar Adiyel revestido
de estuco y Dar Slaui de principios de siglo,
entre otros.
Resultan de interés también
las Tumbas Meriníes situadas al norte
de Fez el-Bali, la maravillosa vista que se disfruta
desde la Colina El-Kolla con las 785 mezquitas
de la ciudad, la Fortaleza Borj Norte que en
la actualidad acoge un museo de armas y la Kasbah
de Sherarda compuesta en nuestros días por
la Universidad de la Qarauiyn y un hospital.
Alrededores de Fez
En esta atípica región
de Marruecos reina la espectacularidad del Medio Atlas,
en un entorno de bosques color esmeralda y lagos de
aguas claras. Esta ciudad, centro espiritual y cultural
por excelencia de Marruecos cuenta en sus alrededores
con espacios maravillosos que permiten en tan solo unos
kilómetros pasar del bullicio de la ciudad al
silencio de los parajes naturales que se recorren con
calma y sin prisas, dejándose llevar por la curiosidad
y los sentidos.
La hermosa aldea de Imouzzer del
Kandar a 1.345 mt. de altitud, es un encantador
pueblecito beréber en donde se respira una paz
profunda únicamente interrumpida por su animado
zoco de los lunes. Resultan magníficas sus curiosas
viviendas subterráneas de la casbah de los Aït
Serghouchen, las fuentes que brotan en las proximidades
del pueblo y la escalada al djebel Abad de 1.768
mt. de altura desde el que se puede contemplar una magnífica
visión con la tranquila llanura del Saïs,
los tejados planos de Fez con su minaretes, Mequínez
colgado sobre su colina y las montañas del Rif
al fondo.
Las aguas térmicas de Sidi
Harazem con sus propiedades curativas eran ya conocidas
en tiempos de León el Africano en el siglo XVI,
en la actualidad son ofrecidas en una moderna estación
termal. Un paseo hasta la blanca Koubba de Sidi Harazem
resulta muy atractivo ya que se camina entre eucaliptus,
palmeras y adelfas hasta llegar a la piscina sagrada
cubierta por una cúpula. Una excursión
hasta las gargantas del Sebou puede ser fascinante ya
que desde sus numerosos miradores se pueden comtemplar
hermosas vistas panorámicas de Fez, el Rif, el
Medio Atlas y las propias gargantas.
Sefrou, población tranquila
y hospitalaria, está rodeada de murallas y desde
la Koubba de Sidi Ali bou Serghine se puede disfrutar
con la vista de toda la llanura, amplia y verde. Fuentes,
ríos y cascadas conforman el reino de las aguas
vivas.
Taza, fundada en el siglo X
por los beréberes, es el paso obligado entre
las fértiles tierras del oeste y las estepas
del norte. En su ciudad antigua se puede disfrutar con
las murallas del siglo XII, la fortaleza de la antigua
cabash, el minarete ensanchado de la Mezquita del Mercado,
Dar el Makhzen, la Gran Mezquita con su preciosa araña
de bronce con 514 lamparillas de aceite, el mercado
de granos y los zocos donde se pueden adquirir esteras,
joyas y alfombras fabricadas en las montañas
por los berérberes de Beni Ouaraïn. La región
no es menos hermosa, bosques de alcornoques, cedros,
helechos de gran altura, fuentes, cascadas y lagos pueden
disfrutarse en el Parque Natural el djebel Tazzeka.
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MARRAKECH
Y EL ATLAS
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MARRAKECH
En su afán por fortalecer el
Islam, los almorávides, guerreros beréberes
del desierto, conquistan Fez y fundan Marrakech (1070),
la ciudad que terminaría por dar el nombre al
reino de Marruecos.
La ciudad es un vergel de amplias
avenidas flanqueadas de naranjos, palmeras y jacarandás
y es también, lugar de zocos, de sombreadas callejuelas,
de té con hierbabuena y de mujeres hermosas venidas
del Anti-Atlas para vender sus cestos, niños
de alegres carreras y hombres de mirada intensa que
pueden ser narradores de historias, músicos,
bailarines, escritores públicos, echadores de
la buenaventura, vendedores de pociones, curanderos,
boticarios o simplemente habitantes de esta maravillosa
ciudad.
Frente a los suntuosos palacios, se
abren las calles en que cientos de mercaderes de alfombras
llevan mil años empleándose a fondo en
el arte del regateo, rodeados de telas y lanas expuestas
al sol. Un poco más allá, unos cuantos
degustan cous-cous, tripa y caracoles en pequeños
chiringuitos o se contempla el espectáculo que
ofrecen los saltimbanquis, o los figoneros.
Esta ciudad del sur del país,
erigida a pies del Atlas, conserva sus hermosas murallas
de color rojizo salpicadas de hermosas puertas como
Bab el-Jemis, la puerta del jueves, Bab ed-Debbagh
entrada al barrio de los curtidores, Bab Aylen
cuyo nombre procede de una tribu beréber, Bab
Aghmat frente a la que se encuentra la tumba de
uno de los siete santos patrones de la ciudad, Zauía
de Sidi Yusef Ben Alí y Bab Ahmar,
la puerta roja, acceso más cercano al Dar
El-Majzen, el Palacio Real construido por los almohades
en el siglo XII y restaurado posteriormente tanto por
los saadíes como por los alauitas. Desde su plaza
de armas se llega al Jardín del Agdal
con maravillosos olivos, naranjos, higueras y otros
árboles que ofrecen un remanso de paz y frescor
a esta ciudad que sufre los rigores del clima desértico.
Continuando el recorrido hasta Bab
el Yedid, se llega hasta el maravilloso hotel la
Mamunia, construido en 1923 y renovado en 1986,
este impresionante palacete ha albergado personajes
tan famosos como Orson Welles, Rita Hayworth, Winston
Churckill o Richard Nixon entre otros muchos. También
resulta maravillosa la Mezquita Kutubia de estilo
almohade con un majestuoso minarete de 77 mt. en piedra
rosa desde el que se domina toda la ciudad.
La entrada principal a la Kasbah almohade
se encuentra en la Bab Agnau, puerta del carnero
sin cuernos, con un arco de piedra labrada de gran belleza.
Desde allí se llega a la Mezquita El-Mansur
conocida popularmente como la Mezquita de las Manzanas
de Oro porque se comenta que las bolas de la linterna
de su minarete fueron fabricadas con las joyas de la
esposa de Yacub el-Mansur. Un pasillo en la muralla
permite la entrada a las Tumbas de los Príncipes
Saadíes, situadas entre cipreses y enredaderas,
recubiertas de preciosos azulejos. Destacan entre los
distintos mausoleos el Qubba de Lalla Messauda
y el Mausoleo de las Tres Salas, la Sala de las
Doce Columnas y la de los Tres Nichos son especialmente
hermosas.
Marrakech cuenta con majestuosos palacios
cimentados sobre jardines perfumados, como el Palacio
el-Badi cuya construcción fue ordenada por
Ahmed el-Mansur tras su victoria en la Batalla de los
Tres Reyes. Artesanos y materiales de todo el mundo
se combinaron para crear este recinto del que actualmente
solo quedan en pie las murallas de tierra pero aún
es fácil imaginar las espectaculares fiestas
que se celebraban en su interior. El Palacio de la
Bahía también resulta espectacular.
Construido a finales del siglo pasado por el gran visir
Ba Ahmed por artesanos del país que crearon un
entorno maravilloso con un jardín de ocho hectáreas
en donde se esconden distintas estancias ricamente decoradas,
se pueden visitar las habitaciones de la favorita, la
sala del consejo y el patio de armas con sus estanques
y surtidores de agua. Dar Si Said, de estilo
alauita, es la actual sede del Museo de las Artes
Marroquíes donde se pueden contemplar joyas,
vestidos, cerámica, utensilios de cocina, alfombras
y muebles entre otros muchos objetos. A su lado se encuentra
la Casa Tiskiwin con una excelente muestra de
arte rural del norte recogido por el historiador de
arte Bert Blint.
No se puede abandonar Marrakech sin
haber paseado por los Suqs, los zocos que comienzan
en la Plaza Djemma el-Fna que se llena de vida
al atardecer, cuando los habitantes se animan al son
de grupos musicales, contagiando a los turistas con
sus danzas y alegres cánticos, o se admiran los
encantadores de serpientes o se compra una pócima
para la impotencia. En el Suq Samarine se encuentra
la calle principal de las compras arribando al fascinante
mercado de las especias y de allí al mercado
de granos para pasar a los Suq Larzal y Btana
zona de lanas y pieles, Criée Berbére
paraíso de las alfombras, Suq el Kebir
para adquirir joyas, Suq el Atrrin con sus aromáticos
perfumes, la Kissaria donde se puede comprar
todo tipo de ropa, Suq des Babouches para el
calzado, Suq Cherratine con sus maravillosos
objetos de metal, Suq Haddadine para los artículos
de madera y finalizar en el Suq des Teinturiers
para fascinarse con los brillantes tintes y las madejas
de lana colgadas en cañas de bambú para
su secado.
Son también de interés
en el Gueliz, la ciudad nueva, el Jardín
de la Villa Majorelle creado por el pintor Jacques
Majorelle, ofrece un espectáculo de belleza natural
exuberante con bambúes gigantes, yucas, papiros,
palmeras, bananeras, cipreses, filodendros, buganvillas
y los cactus, La Menara, parque de cien hectáreas
en cuyo centro de encuentra un inmenso estanque del
siglo XII y El Palmeral con sus más de
10.000 hectáreas de palmeras, naranjos, olivos,
manzanos con su campo de golf completando el maravilloso
espectáculo de Marrakech.
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EL
ATLAS
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Si Marrakech ofrece un espectáculo
maravilloso, las montañas del Atlas lo incrementan
aún más con sus impresionantes cumbres
nevadas y sus incomparables paisajes.
A tan sólo 33 km. de Marrakech
se encuentra el Valle de L'Ourika con sus espacios
naturales fértiles y tranquilos que se animan
los lunes con el mercadillo de Tnine de l'Ourika.
Nogales de cien años de antigüedad se pueden
contemplar en la encantadora aldea de Setti Fatma
donde también se puede disfrutar de un delicioso
baño en las aguas de sus siete cascadas. Se puede
continuar el camino hasta Annameure, pueblo habitado
por la tribu Aït Oucheg y desde allí iniciar
la ascensión hasta Djebel Yagour con sus
más de 2.000 pinturas rupestres.
Al sur de Marrakech, a 47 km., en
Ouirgane los paisajes se transforman en impresionantes
gargantas que recuerdan al Cañón del Colorado
estadounidense. Imlil, una preciosa aldea montañosa
sirve de enclave para las personas que decidan visitar
el Parque Nacional del Toubkal o la Meseta
de Tazaghaght con sus paisajes pedregosos no por
ello menos hermosos.
A mayor distancia, a 194 km. de Marrakech
aparece Beni-Mellal es una bonita ciudad en la
que merece la pena visitar su animado zoco en la Place
de la Liberté, los jardines que rodean la fuente
Asserdoun y la Kasbah Ras el Ain. Desde allí
es indispensable viajar a las Cascadas de Ouzoud
con sus tres desniveles a 110 mt. de altura que forman
varias piscinas naturales en las que bañarse
es toda una delicia.
En las cumbres nevadas de Oukaïmeden
se puede esquiar en invierno y hacer montañismo
en resto de las estaciones, en parajes naturales de
gran belleza.
Tomando la carretera de Uarzazat,
en la zona norte del Alto Atlas, se llega a Taddert,
un pequeño pueblecito de montaña donde
se pueden adquirir piedras semipreciosas y fósiles
a buen precio. De allí se alcanza el puerto situado
a 2.260 mt. de altura de Tizi N'Tishka conocido
como el puerto de los pastos ya que es utilizado por
los pastores para llevar a sus reses a los frescos pastos
de gran altura que se conservan durante la primavera
y el verano. Una vez cruzado el paso aparece el País
Glaua con sus kasbahs construidas por la tribu Glaua.
El centro del comercio de la zona se encuentra en Ouarzazate
famosa por sus alfombras y cerámicas, cuenta
con un aeropuerto internacional y unos recientes estudios
de cine creados para facilitar el rodaje de películas
en esta región desértica de gran belleza.
Des la zona norte a la parte oriental
del Anti-Atlas donde se despliega el hermoso Valle
del Draa surcado por el río Draa que desaparece
bajo la arena después de recorrer 250 km. Tamnugal,
antigua capital de los beréberes mezguita y Tinezoulin,
impresionante oasis con varios pueblos en su interior
son sus poblaciones más interesantes.
Y de los valles fértiles del
Draa a la conocida como la Puerta del Desierto, Zagora,
ya en el sur. El Palmeral de Amazrau, Tamegrut
con sus artesanos especializados en joyas y sus
mezquitas de techo azul con minaretes blancos, Mahamid
el-Ghuzlan, palmeral donde los lunes tiene lugar
un animado suq donde, en ocasiones, se dejan ver los
impresionantes hombres azules y Hamada del Draa
con sus pinturas rupestres son sus máximos atractivos.
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RUTA
DE LAS CASBAHS
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Como si se tratara de un espejismo
o un engaño de la vista, majestuosas fortalezas
de color arena y ciudadelas abandonadas a su suerte,
aguardan cubiertas por la arena, conservando las cicatrices
de la Historia, el retorno de los guerreros y mientras
acogen con agrado a los visitantes que las admiran en
silencio sobrecogidos ante su grandeza.
La aventura comienza en Ouarzazate,
en el mismo cruce de los caminos que llevan a los
valles del Draa, del Dadés y del Ziz, con la
vista de las dos primeras casbahs, la de Taourirt
y la de Ait Benhaddou. La Casbah de Taourit,
antigua residencia señorial del Glaoui jefe de
la tribu Glaua, eleva sus torres y sus almenas de entre
una multitud compacta de viviendas. La Casbah de
Ait Benhaddou, situada a unos treintena kilómetros
de la ciudad, es un castillo de arena bordeado por almendros
en flor que ha servido de escenario para películas
como 'Lawrence de Arabia' o 'Té en el Sahara',
debido a su extraordinaria belleza reconocida por la
UNESCO que le ha otorgado la categoría de patrimonio
de la humanidad. Ouarzazate ofrece además un
encuentro con las culturas y artesanías, en su
zoco de los domingos se pueden adquirir alheña,
rosas de desierto, comino, abrótano destilado,
cacharros de alfarería beréber, objetos
de piedra tallada, mantas y alfombras azules o amarillo
oro de original diseño, entre otros muchos objetos
y todos ellos a buen precio.
El Valle del Draa, es el resultado
de un lecho que se ha abierto paso desde el Alto Atlas
hasta Agdz, oradando un alargado oasis de 200 kilómetros
antes de morir entre las arenas que preceden al M'hamid
que, en su momento, fue el río más largo
del país.
Dejando atrás la ciudadela,
el fortín rojo y la llamativa arista del Djebel
Kissane de la pequeña Agdz, la carretera
continúa en pos del oued de Draa, entre palmeras
rebosantes de amarillentos dátiles y flores rosadas
de las adelfas. Este mosaico de tonos crema y gris,
sobre una tierra ocre, descubre Tamenougalt,
capital de los beréberes, con su ksour, torre
almenada de color arena que se pueden ver salpicando
todo el paisaje de la zona como también en Igdaoun
con sus altas torres de forma de pirámide truncada.
En Tinzouline se puede admirar el ksar y la alcazaba
situadas en el corazón del oasis.
En el oasis de Zagora los saadianos
iniciaron su marcha por la conquista de Marruecos en
el siglo XVI, llegando hasta Tombuctú. Desde
este punto se pueden realizar numerosas y excitantes
excursiones. Una de estas se dirige a Tamegroute,
conocida por su antigua biblioteca y los textos que
se guardan en ella y también por su notable madrassa,
las inconfundibles mezquitas coloreadas en azul y blanco
y el mausoleo situado en el interior de la fortaleza
con bóvedas de artesonado en oro que acoge los
restos de Sidi Mohammed Ben Nacer, creador de la escuela
coránica de este lugar.
La Llanura de las Gacelas, M'hamid
el-Ghuzlan, donde se desenvuelve uno de los zocos
más vistosos de Marruecos, es conocida como una
de las puertas del desierto. La arena y las dunas habitan
la inmensa hamada, el Desierto del Draa donde
el impresionante silencio y el implacable sol se transforman
al caer la noche en un entorno lleno de vida, zorros
del Sáhara, escincos conocidos como pescados
de las arenas, búhos gran duque y otras muchas
especies salen a explorar este remanso de paz desconocido
para la mayoría de los hombres.
Otra excursión fascinante recorre
el Valle del Dadés, este impresionante
valle nace en el Alto Atlas y se estrecha hasta formar
calcáreas gargantas en las que, según
el saber popular, se esconden hasta mil casbahs. Es
el oasis de Skoura, modelado por Yacoub el-Mansour
en el siglo XII, la antesala a este magnífico
valle al que se accede a través de una carretera
flanqueada por palmeras y jardines perfumados, particularmente
hermosa a la altura de los rosales del Kelaa M'Gouna.
Ya en Azlag, aldea conocida por los hábiles
artesanos que forjan hermosos puñales labrados,
se divisa la vieja casbah de el-Glaoui, impresionante
ya que se mantiene haciendo equilibrios sobre una roca
y que ofrece un hermoso contraste con la sobria casbah
de Bou Taghrar.
El camino remonta el Dadés,
dejando al descubierto las afiladas secciones que forman
las gargantas, para alcanzar el alto de un cañón,
donde habitan numerosas y diversas aves y muflones y
se pueden contemplar otras casbahs de color malva, rojo,
anteado y púrpura dependiendo del matiz que las
rocas de alrededor posean como la mansión fortificada
de Amerhidil, las casbahs de Imassin y
Ait Ridi y El-Kelaa M'Guna fascinante
conjunto de casbahs de las que sólo se conservan
algunos restos que permiten imaginarse la magnificencia
que alcanzaron en la antigüedad.
Los acantilados de Todra, con
paredes de hasta 300 metros que limitan el paso a una
franja de una veintena de metros, forman parte del mismo
espectáculo. Tinerhir, su principal población
con más de tres mil habitantes, está construida
en terrazas a lo largo de una colina con un refrescante
palmeral. A pocos kilómetros se encuentra la
Fuente de los Peces Sagrados de carácter
sagrado por lo que está prohibida la pesca. Merece
la pena recorrer la pista que lleva hasta Imilchil
futuro enclave del Parque Nacional del Alto Atlas Oriental
creado para proteger la población de carneros
salvajes.
El oued del Ziz baja también
del Alto Atlas, formando un valle por entre los acantilados
que salvan Rich y enfila hacia el sur, regando
las palmeras de Tafilalet antes de esfumarse
en las arenas de Taouz. El río, que forma
un largo pasillo protegido por ejércitos de altas
y robustas palmeras, observa en su curso la medersa
de Sidi Salim, el ksour y la espléndida
casbah de Ifri. La presa de Hassan
Addakhil atempera sus ánimos, y el dócil
oued se transforma, del esmeralda al rojizo ocre, en
la zona de sus riberas.
Erfoud pone el broche de oro
al viaje, cerrando una extensión de hasta un
millón de palmeras y abriendo la puerta a las
primeras arenas del Sahara. Por delante Merzouga
y sus amaneceres recortándose contra las
Dunas del Erg Shebbi que pueden alcanzar los
250 mt. de altura en cuyas cercanías se encuentra
un hermoso lago con una gran variedad de aves entre
las que destaca el rosa de los flamencos que allí
habitan de febrero a marzo. Para finalizar el recorrido
Maadid, ksar rodeado de murallas de adobe, el
Manantial Azul en Meski que brota de una gruta
y tiene fama de curar la esterilidad y Figuig,
uno de los mayores palmerales del país.
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CASABLANCA
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Esta ciudad mítica es la mayor
metrópoli del Magreb y el mejor ejemplo de la
modernidad marroquí. La ciudad consume el 30%
del total de la energía eléctrica del
país, alberga al 60% de las empresas nacionales,
es sede de casi todos los bancos y sus hoteles y tiendas
de lujo conjugan a la perfección el Art Decó
con el estilo Neo-árabe. En ella se han dado
acontecimientos de gran importancia como el de la Conferencia
de Anfa, cuando Churchill, Roosevelt y De Gaulle acudieron
ante el rey Mohamed V.
Desde 1912 las autoridades urbanísticas
han venido trabajando intensamente en la adecuación
de la ciudad a su crecimiento de población. Así
pues, se observa rápidamente cómo parten,
en forma de estrella, amplias avenidas desde el mismo
centro. Este centro se encuentra en la Plaza de Mohamed
V donde se une la ciudad antigua con la parte más
moderna. Destacan en ella la Torre del Reloj,
restaurada en 1992 y el Hotel Excelsior de 1920. Paseando
por el Bulevar Mohamed V se pueden contemplar
los escaparates de los principales comercios de la ciudad
y construcciones de los años 30 realmente encantadoras,
también el mercado central tiene en este bulevar
su enclave y por las mañanas se pueden adquirir
objetos llegados de todo el país.
La Plaza de las Naciones contiene
el centro administrativo de la ciudad. Sus edificios
son muy atractivos como el del Consulado de Francia,
la Wilaya, prefectura de policía con su
torre de 1930 que cuenta con una sirena que puede oírse
durante el mes santo del Ramadán como señal
de que ha finalizado el ayuno y el Palacio de Justicia
construido en 1925. En el centro de esta plaza, la enorme
fuente se puede contemplar en todo su esplendor
durante los fines de semana cuando se realiza un espectáculo
de luz y sonido.
Y del centro a uno de los remansos
de paz de Casablanca, el Parque de la Liga Árabe.
Pasear por sus avenidas o tomar algo en las terrazas
de los simpáticos cafés es todo un placer.
En este paseo se puede visitar la Iglesia del Sagrado
Corazón que en la actualidad acoge un teatro.
En el Barrio de los Habus conocido
como la Medina Nueva se erige otra iglesia cristiana,
la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes
en la que destacan sus maravillosas vidrieras diseñadas
por Gabriel Loire. La Medina Nueva fue diseñada
en 1923 por arquitectos franceses y es todo un ejemplo
de cómo la arquitectura moderna se puede adecuar
a las necesidades de un mundo tan especial como el que
se vive en una medina. En sus calles ordenadas y sus
plazas encantadoras se percibe el diseño moderno
sin perder ese sabor exótico que las caracteriza,
destaca en su interior la Mahkama del Pachá,
edificio suntuoso que sirve a la vez de tribunal y de
salón oficial de recepciones.
Y de la Medina Nueva a la Medina
Antigua donde la sorpresa y la animación
se respiran por cualquier rincón de sus desordenadas
callejuelas habitadas por artesanos y comerciantes de
cualquier especialidad. Al norte se encuentra la Kubba
de Sidi Beliuth, protector de la ciudad y a su lado
se halla una fuente que, según la leyenda, quien
bebe su agua se asegura el retorno a Casablanca. En
la calle Tnaker se levanta el Santuario de Sidi Qayrawani,
el primer patrón de la ciudad y en el barrio
oeste la Kubba de Sidi Bu Smara situada a la
sombra de una antigua higuera india.
El extenso Muelle Moulay Youssef
(3.180 metros), que vino a suplir la carencia de
una ensenada natural, es el primero de Marruecos y el
cuarto de toda Africa. El barrio del puerto es uno de
los centros de la vida en Casablanca, por la mañana
sus comercios de lujo, restaurantes, piscinas, hoteles
y bares de moda y, a partir del atardecer, la 'movida'
nocturna hace su aparición ofreciendo una amplia
gama de diversiones con las que disfrutar.
Uno de los mayores centros de atracción
de la ciudad es la Mezquita de Hassan II que,
levantada desde el océano, es lo primero que
se divisa de Casablanca desde el aire. La sala de oraciones
de esta faraónica construcción puede albergar
en su interior hasta 25.000 fieles y más de 80.000
personas en su explanada. Más de tres mil artesanos
venidos de todos los puntos del país han hecho
posible que, en una superficie de dos hectáreas,
se levante el minarete más alto del mundo con
200 metros de altura con un rayo láser visible
a 35 km. a la redonda. Además, la mezquita cuenta
con un techo móvil que en sólo tres minutos
puede convertir la sala de oraciones en un enorme patio
interior.
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ALREDEDORES
DE CASABLANCA
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A tan solo unos kilómetros
de Casablanca se pueden disfrutar de los más
variados placeres, el mar, bosques majestuosos, ciudades
fortificadas, y otros muchos.
Al norte de Casablanca, a tan solo
28 km, se puede visitar el complejo de la Mohammedia
con su playa de arenas finas y aguas transparentes con
casino, hoteles de lujo, hipódromo, club naútico,
un campo de golf de 18 hoyos situado al borde del océano
y un puerto de los más activos del país
que ha visto desfilar a lo largo de la historia a navios
pisanos, genoveses, venecianos y portugueses.
Al este de la ciudad se encuentra
Ben Slimane, con los placeres del campo. Un maravilloso
paseo o cazar en el magnífico bosque de alcornoques
de las Ziaïdas, practicar golf en su campo de nueve
hoyos o pescar en el lago en el que abundan las carpas
y nadan los patos.
Hacia el sur, en la llanura, se extienden
los famosos viñedos de la Boulaouane, hogar
de nacimiento del popular vino gris, en donde se puede
contemplar el vuelo de los halcones mientras cazan.
En esta ciudad se encuentra una reserva de halcones
situada en una espectacular casbah rectangular dotada
de siete bastiones construida en 1710 por Mulay Ismail,
la caza de halcón es desde entonces una de las
actividades preferidas por sus habitantes.
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AGADIR
Y EL SUR
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AGADIR
Continuando hacia el sur, por el litoral
marroquí, se descubre la antigua factoría
y la Fortaleza portuguesa de Santa Cruz del Cabo
establecida aquí en 1505, que abre al mundo
de los encantos de una larga franja de diez kilómetros
de fina arena donde se localiza Agadir, en
el lugar de la que el fundador de la dinastía
saadiana Mohamed Echeikh el Mehdi desalojó a
los lusos en 1541 siendo esta su edad de oro en la que
los navíos embarcaban sus cargamentos de caña
de azúcar, dátiles, cera, pieles, aceites,
especias y oro entre otras muchas y variadas mercancías.
Sin embargo, con el paso del tiempo esta ciudad fue
perdiendo su esplendor hasta que en 1960 un terremoto
la destruye prácticamente en su totalidad. Mohamed
V toma las riendas y ordena su reconstrucción,
ésta vez pensando en un moderno centro vacacional
ubicado lejos de las zonas de riesgo de sufrir un nuevo
seísmo.
Así nace uno de los más
bellos balnearios del Reino con casas blancas, hermosos
jardines e instalaciones modernas y cómodas al
que acuden turistas deseosos de practicar deportes como
el golf en uno de los campos más famoso del país
con 18 hoyos, el tenis en sus 150 pistas de tenis y
la equitación por la playa, entre otros, nadar
en su maravillosa playa de arenas doradas o practicar
deportes náuticos como el winsurfing, el submarinismo
y la vela, sin olvidar la pesca de altura a lo largo
del Cabo Ghir. Los visitantes también pueden
conocer a los misteriosos 'hombres azules', descubrir
zocos presaharianos o, simplemente, contemplar el fantástico
vuelo de los flamencos rosas.
Dentro de la ciudad destacan además
el puerto pesquero, el más importante
del país, con su lonja y los encantadores restaurantes
donde degustar los pescados y mariscos recién
sacados de la mar, el Valle de los Pájaros,
pequeño zoo de aves de todo el mundo donde cada
especie habita una morada reconstruida según
su habitat natural, la Casbah, situada
en lo alto de una colina es uno de los monumentos que
no ha sido reconstruido después del terremoto
y el Museo donde se exponen muestras de arte
y tradiciones populares del valle del Sús y las
regiones saharianas reunidas por el historiador de arte
Bert Flint.
EL SUR
El viaje continua por paisajes naturales
de tal belleza que dejan al turista una impresión
imborrable en su recuerdo, cascadas vertiginosas, cielos
que alcanzan tonos malva en las maravillosas puestas
de sol, campos enteros de almendros en flor, playas
salvajes de aguas transparentes, ciudades encaladas
y quizá su máximo atractivo, los misteriosos
y alucinantes hombres azules.
A tan sólo doce kilómetros
de Agadir se puede disfrutar de la hospitalidad de las
tribus beréberes de los Ida Ou Tanana,
refugiados en su blanca ciudad de Imouzzer. Rodeada
por un espléndido paisaje natural conocido como
el Valle del Paraíso, los miembros de
esta tribu viven principalmente de la apicultura cuya
miel mezclada con ingredientes naturales como el tomillo,
lavanda, aceite de argan o almendras molidas se puede
adquirir a buenos precios. A pocos kilómetros
se encuentran los Manantiales del Río Tinkert
con cascadas a distintos niveles que se deslizan por
rocas calcáreas de color blanco por lo que se
denominan popularmente el Velo de la Novia. Tarhazout
ofrece una excelente playa en la que practicar en surf
a tan solo 16 km de Agadir.
A 40 km. de Agadir se encuentra Sidi-Rbat
que cuenta con una excelente playa en cuyas cercanías
se ubica un parque natural, Souss Massa, con
una laguna en la que habitan numerosas especies de aves,
ibis, patos tórtolas, garzas reales y entre las
que destacan los maravillosos flamencos rosas y las
gacelas.
Y, en un viaje no más largo
que el anterior, se extiende el camino, impregnado del
aroma de naranjos, bananos y olivares que crecen a su
paso, de la llanura del Souss, que llega hasta la simpática
Inezgaze que adquiere toda su animación
los martes, día en que tiene lugar su colorista
zoco.
Taroudannt, a 80 km. al este
de Agadir, recibe el sobrenombre de la Pequeña
Marrakech por sus murallas de adobe, sus jardines, sus
zocos animados con tejadillos de cañizo, sus
callejuelas intrincadas y la Plaza Assareg que acoge
los encantadores cafés en donde se reúnen
sus habitantes, los Roudanis. Es muy romántico
dar un paseo al claro de luna en calesa a través
de sus calles.
Un poco más lejos, a 80 km.
al sur de Agadir, se encuentra Tiznit en donde
sus habitantes todavía visten el traje regional.
Población amurallada con almenas de color rosa
situada en un oasis, Tiznit es conocida por la habilidad
de los joyeros que trabajan con esmero siguiendo los
diseños beréberes en su animado zoco donde
se pueden adquirir hermosos collares, brazaletes, aderezos
frontales, cinturones, fíbulas, anillos, broches
y otras muchas piezas. En la Place du Pasha todavía
se puede contemplar a los hombres azules y su Gran Mezquita
bien merece una visita.
Amtoudi es uno de los graneros
comunales fortificados más antiguos de las montañas
del Anti-Atlas fortificado por la tribu Iznaguen con
una gran puerta, aunque ya el difícil acceso
a este lugar a través de un desfiladero de palmeras
y estanques rocosos es una segura protección.
A 185 km. al sur de Agadir se encuentra
Goulimine, ciudad situada en el límite
con la parte occidental del Sáhara conocida por
el mercadillo de los sábados en el que con un
poco de suerte se pueden contemplar los tratos que realizan
los fascinantes hombres azules, denomidados así
por sus trajes de tejido de algodón de color
índigo, llegados del desierto que arriban a esta
plaza para vender y comprar dromedarios en el mayor
mercado de dromedarios de Marruecos. Desde Goulimine
una pequeña excursión al Oasis Aït
Boukha permite disfrutar con la guedra, danza erótica
que interpretan de rodillas las mujeres del Sáhara.
La capital administrativa del Sáhara
occidental se encuentra en El Aaiun, situada
sobre una laguna salada rodeada de hermosas dunas. Sus
principales puntos de interés son el Oasis
de Lemsid, Tarfaya, centro del comercio británico
en otra época, la fortaleza española de
Dehira y el Palacio de Ma el Ainin, actualmente
en ruinas.
Sidi-Ifni destaca por sus construcciones
decorativas y por la originalidad de su puerto al que
únicamente se puede acceder en teleférico.
Tafraout, el país de
los Ammeln, está rodeada de montañas de
granito rosa que forman un circo natural que alcanza
todo su esplendor en amaneceres y puestas del sol cuando
los rayos se reflejan en las rocas y las casas color
ocre pálido envolviéndolo todo en tonos
malva y rojo ardiente. A los pies del Ibel Lekst se
puede alucinar con el paisaje lunar que ofrecen las
rocas erosionadas de carácter volcánico.
A 200 km. de Agadir, al este se encuentra
Taliouine situada en el centro de un precioso
valle donde se encuentran otros pueblecitos de gran
encanto. Diferente pero también muy hermoso resulta
Tazenakht famoso por sus alfombras ouzguita de
alegres colores y originales diseños.
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LAS
CIUDADES FORTIFICADAS
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ASILAH
Asilah, Arcila, se encuentra a poco
más de 40 km. de Tánger. Esta ciudad,
puerto pesquero, de pequeño tamaño con
su puertas y ventanas en colores azules, verdes y amarillas
que contrastan bajo el brillante sol marroquí
con el blanco de las paredes esconden en su interior
un rico pasado histórico ya que fue habitada
por romanos, españoles y portugueses cuyos vestigios
aún pueden admirarse en baluartes, torres y murallas.
Su historia se remonta a 3.600 años
de antigüedad siendo quizá una de las más
importantes de la 'Mauritania Tingitana', sin embargo
su actual denominación Asilah la recibió
durante el período de islamización de
la ciudad. Unida a su importancia histórica esta
ciudad ha destacado siempre por su cultura y sus artes,
de hecho, el Festival Internacional de Asilah atrae
cada verano a miles de participantes de todo el mundo.
Son puntos de interés especial
la antigua medina, Bab el Kasbah, Bab Labhar, Bab Ihoumer,
la plaza de Torre kmra y el Palacio de la Cultura, antigua
residencia del Bajá Raissuni.
AZEMMOUR
A 100 km. al sur de Casablanca, aparece
Azemmour rodeada de murallas de color ocre. En su paseo
de ronda, una pequeña plataforma domina la desembocadura
de las aguas rojizas del Oum er-Rabia, famoso por sus
deliciosas alosas, la especialidad culinaria local.
La medina es soberbia con sus casas blancas y cuadriculadas
adornadas de buganvillas que se escalonan en terrazas
entre olivos y granados. Más abajo se encuentra
el santuario de Moulay Abdallah Ben Ahmed en cuyas puertas
se descubre el estilo luso. A la izquierda, paseando
se alcanza la Kasbah con la Dar El Baroud, la Casa de
la Pólvora. Su playa, Haouzia, a kilómetro
y medio del centro, ofrece una gran atracción
y un verdadero placer, porque su temperatura ideal y
sus frescos veranos hacen de esta playa una estación
balnearia única en el mundo.
Cercana a la ciudad se encuentran
las Gargantas de Meheula, conocidas con el sobrenombre
de los Naranjos.
Esta ciudad de aspecto pintoresco
fue la antigua Azama, factoria muy frecuentada por los
cartagineses. Allí se descubireron columnas de
mármol que pertenecían a la época
púnica y numerosas monedas romanas. El nombre
árabe de Azemmour es El Medina, la ciudad musulmana,
la antigua, en oposición a El Jadida, la nueva,
su vecina.
EL JADIDA
Considerado como el mejor abrigo de
toda la costa atlántica El Jadida fue duramente
disputado a los portugueses que lo tuvieron que abandonar
en 1769. Durante la ocupación lusa se denominó
Mazagao y obtuvo ese aspecto que la caracteriza de ciudad
medieval típicamente portuguesa. Doscientos años
más tarde la villa es liberada bajo el reinado
del soberano Alauita Sidi Mohamed Ben Abdellah convirtiéndose
ya en El Brija El Jadida, la nueva fortaleza. Sus murallas
ofrecen un mágnifico paseo panorámico
y cada uno de sus cinco bastiones proporciona una vista
única sobre el puerto, los fosos, las casas apiñadas
y la mezquita con su minarete blanco. Resulta fastinante
su aljibe portugués de 1.100 mt. cuadrados, donde
el agua y la luz ponen de relieve una sorprendente arquitectura
gótica.
A 10 km. de Al Jadida se encuentra
Tit, el Manantial, cuyo corazón es la Zaouía
de Moulay Abdallah donde todos los años se celebra
un moussem con numerosos peregrinos. La belleza del
lugar, el recuerdo de un gran pasado y el minarete solitario
de Ismaël Amghar fiel ejemplo de la arquitectura
almoravide hacen que Tit merezca una visita.
SAFI
Esta ciudad fortificada debe
sus murallas al reinado de los Almohades, período
en el que se desarrollaron ampliamente las actividades
intelectuales, religiosas, arquitectónicas, artísticas
y científicas aunque obras tan importantes como
la Zaouia de Cheikh Mohamed Saleh, la escuela científica
y el hospital fueron destruidas posteriormente por los
portugueses por lo que es imposible contemplarlas.
Con la salida de los lusos en 1541
Safí volvió a vivir un período
de prosperidad bajo el reinado del Sultán Saadiano
Mohamed Cheikh, aún se conservan obras magníficas
como la Gran Mezquita de la Medina, las escuelas religiosas
y científicas y la reconstrucción de la
antigua medina.
Además de visitar la Medina
y las murallas son de interés también
el castillo del mar, construido por los portugueses
en 1523, la antigua Kasbah construída por los
Saadianos con sus tejados verdes y el Palacio de la
Bahia, la torre redonda lusa, la Colina de los Alfareros
donde los artistas moldean originales piezas de arcilla,
la antigua medina, la iglesia portuguesa de estilo gótico
y la antigua Medersa.
ESSAOUIRA
Essaouira es una preciosa ciudad amurallada
del siglo XVIII. La antigua Mogador fue fundada en el
siglo VII a.d.C. bajo el reinado de Jubal II, rey de
Mauritania. La parte moderna de la ciudad se remonta
al año 1765 cuando el Sultán Si Mohamed
Ben Abdellah la creó para competir con Agadir.
Este encantador puerto, resguardado
por unas sólidas murallas con vistas a
una paradisíaca playa de fina arena, da vida
a una ciudad de una intensa vida comercial de la que
no han podido retraerse personalidades de la talla del
escritor Paul Claudel o el cineasta Orson Welles, que
filmó en este lugar los exteriores de su popular
Otelo. La Puerta de la Marina, erigida durante el sultanato
alauita, une los muelles con la ciudad y abre paso a
la Skala del puerto y a las murallas, que segmentan
la ciudad vieja en barrios, alcazabas, el Mellah y la
medina. Esta última, moldeada por marroquíes
y lusos, mira atentamente hacia las intrincadas callejuelas
que desembocan en la Plaza Bab el-Sebaa. Los joyeros
y los orfebres se concentran en el callejón Siaguin,
aunque ya no trabajan los materiales que antaño
les hicieran famosos. Sin embargo, los artesanos de
marquetería siguen hallándose en el mismo
sitio que desde hace siglos, el lugar al que se accedía
atravesando un pasadizo abovedado viniendo desde la
Skala, la antigua plataforma de defensa de las murallas.
No muy lejos de este punto se emplaza el Museo Sidi
Mohamed Ben Abdallah, en una antigua residencia palaciega
que alberga las más variadas muestras del arte
marroquí. Al norte de la ciudad se encuentra
el Mellah o barrio judío, demarcado por un mercado
que termina en la puerta de Bab Dukkala.
Su playa se extiende sobre 6 km. de
arena fina y es frecuentemente visitada por los amantes
de la pesca ya que sus aguas son ricas en cangrejos,
langostas, congrios y rayas, entre otras especies.
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