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CHILE, LA SONRISA DE AMÉRICA
Cuando al turista europeo se le menciona
la posibilidad de viajar a Iberoamérica, una
idea recurrente se fija en su mente: el Caribe. De alguna
manera, quizás por el bombardeo publicitario
al que se ve sometido y a la ausencia de información
complementaria, el viajero vacacional ha llegado a asimilar
el Caribe como lo más representativo de la América
Latina.
Sin embargo, el Caribe, aunque
sea el paradigma del paraíso para muchos, no
es más que una pequeña parte de lo que
Sudamérica puede ofrecer. Ahora es posible descubrir
nuevas formas del paraíso, nuevos y fascinantes
lugares de los que no es demasiado habitual oír
hablar. Uno de esos lugares es Chile, país que
por su forma única, es el país más
largo del mundo que se asemeja a una amplia y cálida
sonrisa. Y no es pura casualidad ni ánimo literario
de encontrar una buena metáfora. Chile es uno
de los países más prósperos, hospitalarios
y acogedores de todo el Cono Sur. Situado en la costa
occidental de América del Sur, de cara al océano
Pacífico, colindando con Argentina, Bolivia y
al norte con el Perú, el carácter de sus
gentes es extrovertido y cariñoso. No creemos,
sin embargo, que se trate de un simple talante natural.
Más bien pensamos como el escritor inglés
Desmond Durrell, quien opinaba que el carácter
de las personas lo determina la tierra que habitan.
Las características geográficas, las condiciones
meteorológicas propias de una región marcan
y definen el carácter de sus habitantes. No somos
seres individuales ni se nos puede separar de nuestro
entorno sin que se produzcan en nosotros cambios drásticos
en nuestro comportamiento, mutaciones inesperadas en
nuestro carácter o profundas alteraciones en
nuestras costumbres cotidianas. ¿Cuántas veces
no se habrá escuchado la historia de un turista
que al venir a España se llevó consigo
la costumbre de beber el aperitivo al mediodía
o de hacer la siesta después de la comida? Por
esta razón cada vez más gente busca la
oportunidad de hacer un viaje, fuera del entorno que
le es propio, tan sólo por la posibilidad de
operar dentro de sí una transformación,
un cambio que le revele nuevas formas de ser.
Chile es un lugar de revelación
al que, con seguridad, quien lo visita reincide. Porque
difícilmente se puede ver todo en un sólo
viaje. Primero se agotarán el tiempo y las fuerzas.
Cuando se viaja América es necesario aumentar
varios grados la escala con la que habitualmente se
miden las cosas. La desproporción, la exageración
y la exuberancia, no es un invento de la literatura.
Es el pan diario de esta tierra. Sólo hay que
asomarse, dejarse seducir y constatar. Un mar vegetal
de un color verde oscuro, inagotable y espeso como jamás
se ha visto, atrapa el aliento. Chile da la bienvenida
con sus 4.329 kilómetros de extensión,
desde el desierto más árido del planeta
hasta los hielos polares, pasando por playas doradas
de cálidas aguas en el Pacífico, fértiles
valles, volcanes, lagos o legendarias islas, son algunos
de los muchos reclamos con los que cada año se
ven cautivados más y más visitantes por
esta estrecha franja de tierra en la que parece haberse
dado lugar todo lo mejor del continente americano.
Hemos seleccionado y resaltado aquello
que consideramos más importante y urgente. Aquello
que no podemos anticiparle, el secreto que explica a
esta tierra, el olor de su vino, la constelación
de sus maravillas, todo ello se lo encomendamos. Es
un privilegio del que, aunque quisiéramos, no
le podríamos privar.
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