La variedad del folclore, la riqueza
de arte y la diversidad de la artesanía de Colombia,
demuestran que el país es un gran mosaico étnico
y cultural. Su pasado de raíces indígenas,
españolas y africanas, combinadas y mezcladas,
ha producido una expresión en el presente, muy
peculiar, que se percibe particularmente en las bellas
artes.
Arte Precolombino
El arte precolombino es conocido,
sobre todo, por los trabajos en oro de las antiguas
culturas indígenas considerados como los mejores
del continente americano. Antes de la época de
la conquista numerosas culturas utilizaron el oro, curiosamente
con técnicas muy parecidas, pero desarrollando
estilos muy particulares. El oro fue utilizado en la
elaboración de pieza de joyería, anillos
para la nariz, brazaletes o coronas y como utensilios
y ofrendas para las ceremonias rituales. La mejor muestra
del trabajo en oro precolombino es la famosa Balsa
Muisca, una pieza en hoja de oro que representa
al cacique cargado de oro en una barca junto a los remeros,
antes de bañarse en la laguna de Guatavita. También
son famosos los Tunjos, gordas figuras de oro que representan
a feroces guerreros.
Por otro lado destacan los trabajos
de la cultura Tolima con sus pectorales planos,
que describen sencillas figuras humanas, así
como los poporos de la cultura Quimbaya, recipientes
con un alargado cuello donde se maceraba la hoja de
coca. Otras culturas como la Tayrona, los Sinú
o los Calima, dejaron excelentes trabajos.
Todos ellos se exhiben en el Museo del Oro en Bogotá,
el cual recoge la mayor colección del continente.
La alfarería precolombina
es muy rica en formas y estilos lo que ha dificultado
su clasificación. Desarrollada por grupos sedentarios
de agricultores no sólo fabricaron objetos de
uso doméstico como platos con alegres motivos
o vasos decorados con múltiples colores, sino
que también la utilizaron en sus ceremonia rituales
como son las vasijas funerarias con figuras antropomórficas
o de animales. Las piezas más características
provienen de la cultura muisca y tienen su mejor muestra
en la gran variedad de múcuras, un cántaro
especial de cuello delgado y decorado con motivos antropomórficos.
Esta pieza se utilizaba para tareas domésticas
y ceremonias religiosas. Todavía se siguen fabricando
de acuerdo a los procesos ancestrales, especialmente
en las zonas rurales de Boyacá.
A diferencia de otras culturas suramericanas,
en Colombia no se han encontrado imponentes construcciones
o grandes zonas arqueológicas, a excepción
de las grandiosas figuras de la región de San
Agustín. Allí se han encontrado más
de 500 piezas talladas en piedra, representando dioses,
hombres y animales, que demuestran el complejo culto
religioso de este grupo indígena. Sin embargo,
las culturas precolombinas si han dejado un buen ejemplo
de lo que fueron en otro tiempo, en los cientos de piezas
e instrumentos de trabajo que demuestran un alto grado
de desarrollo y elaboración.
Arquitectura
No existen construcciones precolombinas
que hayan sobrevivido al tiempo. La razón se
halla en que la mayoría de los grupos indígenas
utilizaron para la construcción de sus viviendas
materiales muy frágiles: madera y fibras vegetales
unidas con hojas de palma (tradición que continua
en algunas regiones del Caribe). La piedra fue utilizada
en pequeña escala para centros ceremoniales y
sólo por los grupos más desarrollados.
El mejor ejemplo de la arquitectura precolombina es
la Ciudad Perdida, el antiguo centro de los indios
Tayrona en la Sierra Nevada de Santa Marta. La mayoría
de las viviendas han desaparecido, sin embargo, han
permanecido las estructuras de piedra y una compleja
red de terrazas y escaleras.
Con la llegada de los españoles,
el ladrillo y el azulejo fueron introducidos para la
edificación de las nacientes ciudades coloniales.
El modelo urbano seguía un patrón dictado
por la Corona en el que el centro lo constituían
las plazas mayores y a su alrededor se erigían
las iglesias y los ayuntamientos. De esta forma las
disposiciones dictadas por la Corona influyeron fuertemente
en la estética de Colombia. Se pretendía
lograr un estilo de arquitectura sencillo y funcional,
tónica que continuó hasta el siglo XVII.
Con esta política de austeridad se pretendía
corregir los excesos cometidos en México. Sobre
este legado español, base y estructura del neogranadino,
se fueron sedimentando diversas influencias que dieron
un carácter peculiar al arte colonial. Las primeras
casas fueron construidas de acuerdo al estilo andaluz,
pintadas de blanco con dos pisos, patios centrales y
balcones.
La fuerte tradición católica
española dejó numerosa iglesias y conventos
en la colonia. Las situadas en Tunja, sede política
de la Nueva Granada, Cartagena, Bogotá, Popayán
y Pasto son un buen ejemplo. Las primeras iglesias eran
pequeñas y modestas, pero en los períodos
posteriores tendieron a hacerse majestuosas, de dimensiones
monumentales y profusamente decoradas en su interior.
Son la mejor muestra del antiguo resplandor de la colonia.
Hasta el siglo XIX predominó
la arquitectura de estilo español, aunque también
se aprecian influencias italianas, francesas o inglesas.
En la región de Antioquía se desarrollo
una especial decoración, concretamente en el
grabado en puertas, balcones y ventanas.
La arquitectura moderna apareció
después de la Segunda Guerra Mundial, un estilo
que se impuso de manera acelerada en la década
de los años sesenta. Los mejores ejemplos pueden
verse en las ciudades de Bogotá y Medellín.
Pintura y Escultura
El periodo colonial estuvo dominado
por los motivos religiosos, incluso en los grabados
sobre madera, retablos, estatuas en madera y altares
elaborados por los artistas locales. Puede apreciarse
en todas las iglesias de aquella época y en las
diversas pinacotecas del país que cuentan con
excelentes colecciones.
Los artesanos locales fueron introduciendo,
de forma pausada, las influencias aportadas por los
españoles, entre ellas el estilo mudéjar,
desarrollado en España entre los siglos XII y
XVI. Las mejores muestras se encuentran en las iglesias
de Tunja y Bogotá. Otro estilo que tuvo un fuerte
arraigo fue el de la escuela quiteña, que tanto
influyó en la mayoría de los países
andinos.
Es a principios del siglo XX cuando
los artistas colombianos experimentan y producen su
arte original. Numerosos pintores y escultores iniciaron
sus carreras en la década de los 30 y los 40
y el mejor ejemplo son las obras de Botero, conocidas
internacionalmente.
Música
La música forma parte, desde
tiempos precolombinos, de las ceremonias religiosas,
fiestas y reuniones. Los indígenas utilizaron
solamente instrumentos de viento y de percusión.
Con la llegada de los españoles se introdujeron
los instrumentos de cuerda y el mundo musical se hizo
más complejo. A ello hay que agregar la influencia
de la música africana, importada por los esclavos,
lo que originó una rica diversidad. Todos estos
ritmos fueron fusionándose, provocando nuevos
ritmos. Estas diferentes formas han otorgado a Colombia
una rica heterogeneidad musical. Entre los ritmos más
conocidos destacan la salsa, el vallenato y la cumbia.
Artesanía
Después de la conquista, los
indios incorporaron en sus trabajos las técnicas
españolas pero manteniendo sus ancestrales motivos,
diseños y modelos.
La gran variedad de plantas y materiales
existentes en la región, contribuyeron a la diversidad
de artesanía en la que destacan los trabajos
en cestería, tejidos y alfarería. Las
cestas se encuentran en numerosas medidas, formas y
colores. Los tejidos, de gran calidad, evolucionaron
enormemente gracias a la lana de oveja introducida por
los españoles. Sin embargo, permanecen los diseños
precolombinos y todavía en muchas regiones se
utilizan rudimentarias tejedoras. La alfarería
ha sido adaptada a las necesidades actuales, presentando
innovadores diseños de alta calidad. En algunas
zonas se siguen haciendo reproducciones de la alfarería
precolombina. El departamento de Boyacá es el
principal fabricante de artesanías de todo el
país.