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PERÚ, LA TIERRA DE LOS DIOSES
Cuando uno reflexiona sobre el pasado
del Perú y especialmente sobre la historia de
los Incas, surge, de forma irremediable, una pregunta
a la espera de una respuesta. Y es que uno no acaba
por atar todas las piezas que provocaron el fin de tan
esplendoroso imperio. Es decir, por descubrir y conocer
cuales fueron las causas que hicieron posible la conquista.
Dice la historia que mientras Atahualpa
descansaba en las cercanías de Cajamarca, recibió
la visita de una comitiva de españoles. Atahualpa
estaba al tanto de que un grupo de hombres blancos habían
arribado a sus tierras. Volcado en una cruenta guerra
civil contra su hermano Huascar y ante el reducido número
de los recién llegados extranjeros, subestimó
cualquier peligro que pudieran reportarle los visitantes
y aceptó entrevistarse con Pizarro en Cajamarca.
Los españoles, que formaban un total de 160 hombres,
tramaron un plan muy sencillo que resultó todo
un éxito, gracias también a la ingenuidad
de Atahualpa, que acudió al encuentro con cerca
de 6 mil hombres provistos de hachas y hondas, dejando
el resto de sus tropas, unos cincuenta mil hombres,
en los Baños del Inca, a 6 kilómetros
de Cajamarca. En el encuentro, uno de los frailes que
acompañaban a Pizarro entregó a Atahualpa
el requerimiento, junto con una Biblia, por el que debía
reconocer 'la Soberanía de los Reyes Católicos'.
El Inca, que desconocía el lenguaje escrito,
arrojó el requerimiento sin darle mayor importancia.
Sin saberlo, con su gesto había dado una inequívoca
señal para que se iniciara el ataque. Retumbaron
los cañones y los soldados españoles salieron
de sus escondites. Los ruidos de la artillería
y la presencia de los caballos, que los indígenas
desconocían y que creían que se trataba
de un sólo cuerpo, crearon la confusión,
el caos y el terror. Atahualpa fue apresado y con su
pérdida de libertad se iniciaba el fin de un
Imperio (que se encontraba en crisis).
El Inca pagó por su rescate
llenando la habitación en la que estaba preso
una vez de oro y dos veces de plata. Sin embargo nunca
fue liberado. Juzgado por Pizarro y acusado por el asesinato
de su hermano, fue condenado a la hoguera. Atahualpa
se convertiría al cristianismo para morir mediante
el garrote vil y poder así resucitar en su segunda
vida, ya que si hubiera sido quemado, no podría
retornar. Los eventos que se sucedieron después,
son de todos bien sabidos.
Después de conocer este momento
de la historia y de reflexionar concienzudamente en
busca de explicaciones, uno se pregunta qué pasó
con los dioses del Perú. No es que haya habido
un abandono y que hubieran salido despavoridos por ahí.
Es probable que en el mundo de los dioses, las cosas
funcionen de otra manera. Lo que si es cierto y más
allá de las posibles alianzas divinas (entre
los dioses occidentales y los dioses andinos), la historia
y el pasado posibilitaron el encuentro entre culturas
diferentes. Aquel lejano encuentro es lo que hace posible
que, nosotros, viajeros, tengamos la oportunidad de
conocer y descubrir Perú. No sólo para
disfrutar de sus impresionantes sitios arqueológicos
o para aprender y descubrir la sabiduría del
hombre andino, ni siquiera para dejarse cautivar por
Cusco (Qosqo), el ombligo del mundo, o para atravesar
sus impenetrables selvas y espectaculares santuarios
de vida animal, o para sorprendernos por sus áridas
y enigmáticas costas. Quizá todas esas
maravillas esconden la respuesta a la pregunta con la
que hemos iniciado estas palabras. Es tarea de todos,
el descubrir y comprender los designios de los dioses,
escondidos con toda certeza, en las innumerables bellezas
que guarda el Perú, la Tierra de los Dioses.
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