El japonés pertenece al grupo racial de los mongoles,
como los coreanos y los chinos Han. Los japoneses probablemente llegaron por tierra
desde Corea en la época que precedió al deshielo cuando la isla
estaba unida al continente. Antes de esto las tierras que domina Japón
hoy estaban habitadas por cáucasos anui, hasta que poco a poco éstos
fueron desplazados gradualmente por los invasores. Hoy sólo prevalecen
en algunas comunidades de la isla Hokkaido.
El Japonés
de hoy es un ser muy particular, el trabajo obsesivo, la precisión, la
falta de espacio, unida a una espiritualidad tradicional típicamente oriental
conviven con los resultados de la modernidad mundial, y el orden aparente puede
estar escondiendo una naturaleza humana tan común como la del resto del
mundo, su sociedad padece los mismos contratiempos que occidente y su gobierno
no escapa a los escándalos.
Si algo sorprende de
los japoneses son los continuos gestos de reverencia y respeto que exhiben a la
hora de mantener una conversación. De una extrema cordialidad, pareciera
que estos gestos expresaran una cierta reverencia pero, en el fondo, no es más
que una bella forma de mantener la distancia y una excelente manera de posibilitar
la buena convivencia. Piénsese que en el país habitan más
de 124 millones de personas en un espacio ridículamente pequeño.
Las relaciones sociales se basan en el Tatemae
o máscara social, para salvaguardar la armonía y evitar
la confrontación. El Honne o los sentimientos sinceros, es el corazón
abierto de los japoneses. Ellos pueden saber si alguien les habla en Honne o Tatemae
según los gestos y el tono de voz. Un precepto social clave y un máximo
exponente de la ética japonesa es el giri o el concepto de devolver los
favores debidos. En julio y diciembre, los japoneses saldan sus deudas o favores
recibidos con obsequios. Muchas parejas que llegan al altar, hoy, en Japón
son matrimonios pactados, miai kekkon. La clave, gaman, paciencia o estoicismo.
Normalmente el pacto es para conseguir la unidad social y la continuidad del grupo.
Normalmente hacen vidas separadas. El uchi y el soto, literalmente dentro y fuera,
delimitan las fronteras del grupo. O se está uchi o soto del grupo.
Los japoneses constituyen una de las razas más homogéneas del mundo,
cerca del 100% de la población es de origen japonés. No hay que
olvidar que el país vivió casi completamente aislado desde el siglo
VIII hasta el siglo XIX y el 'gaijin' o extranjero es un termino que se emplea
para designar a todos aquellos que no son japoneses.
Gracias
a este prolongado aislamiento del pasado, los habitantes de Japón han consolidado
un gran sentido de pertenencia, basado en una escala de valores que hacen siempre
referencia a la comunidad. Quizá este sea el secreto del éxito que
ha alcanzado el país en los últimos años. Para los japoneses
uno de los primeros valores a defender es la noción de grupo, entendiéndose
la individualidad como una manifestación egoísta y repudiable. El
deber y la obligación priman sobre los deseos individuales y los pequeños
son educados desde muy temprana edad en este marco de valores.
Los japoneses, en general, son gente muy afable, simpática, atenta y que
se preocupa por el extranjero. Recibirá sin dudas, en todo momento, un
trato cordial y especial. No olvide ir provisto de una buena cantidad de tarjetas
de presentación o personales (meishi) que tendrá que ir dejando
a cada momento. Para ellos es un signo de confianza y es un gesto muy apreciado.
Por otro lado, la reverencia es el principal saludo del pueblo japonés.
Le aconsejamos que haga tan sólo una leve inclinación, ya que este
saludo tiene normas muy complicadas. Procure llevar unos buenos calcetines ya
que tendrá que descalzarse continuamente para visitar algunos museos, restaurantes,
templos y cuando entre a una superficie tapizada de tatamis.
A pesar de la occidentalización de Japón y de la modernidad que
lo caracteriza, los japoneses siguen conservando sus tradiciones milenarias, que
se perciben en la vivienda, por ejemplo, donde se mezcla lo antiguo con lo más
moderno. La mayoría de las casas cuentan con diversos espacios tanto tradicionales
como de tipo occidental. Generalmente se componen de la puerta principal Genkan,
donde hay que descalzarse, un corredor (Rouka) con piso de madera que da acceso
a las habitaciones alfombradas de tatamis o esteras de paja. Normalmente y, debido
al reducido espacio, las habitaciones cumplen diversas funciones y bien pueden
utilizarse como comedor, sala de estar o lugar de trabajo.
Otro de los rasgos distintivos de los japoneses es su exquisita sensibilidad y
estética, aunada a una extrema meticulosidad. El mejor ejemplo de ello
es la ceremonia del té, un ritual silencioso durante el que el anfitrión,
vestido con un kimono, intenta crear un ambiente de paz y tranquilidad o en el
ikebana, el arte en cuanto a arreglos florales se refiere o bien, en el estudio
del Koto, el arpa japonesa.
Cerca del 9% de la población
se dedica a la agricultura, la producción del arroz ocupa el noveno puesto
en la producción mundial. Se crían aves y ganado, verduras y frutas
y el pescado es uno de los principales alimentos de consumo para los japoneses.
La cultura japonesa vive a ras del suelo. Casas, templos y demás espacios
quedan despejados, con un mobiliario bajo. Casi todas las actividades se realizan
en posiciones cerca del suelo, tumbados o sentados, de ahí la importancia
del futón, un juego de colchón fino, colcha y almohada que se extiende
por la noche y se recoge por el día.
En cuanto al
comportamiento en las comidas cuando reciba el oshibori, toalla para refrescarse,
los hombres pueden refrescarse el rostro, mientras que las mujeres sólo
pueden hacerlo con sus manos. Si comparte la comida de una fuente, lo más
aconsejable es tomar los alimentos con la parte de los palillos que no se ha llevado
a la boca y jamás deje clavado los palillos en un cuenco de arroz, ya que
esto es símbolo de que alguien ha muerto. A la hora de beber lo correcto
es que el huésped se sirva su vaso y después llene el vaso del anfitrión.
Los japoneses evitan soplarse la nariz en público, especialmente durante
las comidas, y en lo posible van al cuarto de baño para hacerlo. Por otro
lado, cuando reciba un cambio de monedas, sepa que recibe el importe exacto y
que está muy mal visto contarlo enfrente de quien se lo entrega, ya que
es signo de desconfianza. Finalmente, a los japoneses se les dificulta decir no
a algo. Seguramente ante una petición suya, si no está al alcance
de su interlocutor, le de vueltas al asunto o le participe que es muy difícil
de cumplir, pero no le dirá que no. Y como en la mayoría de los
países de Oriente, la impaciencia está muy mal considerada pues
no conduce a nada.
Las geisas, que están
desapareciendo, son damas de compañía y entretenimiento, especializadas
en ofrecer a sus clientes conversación amena, lectura de poesía
antigua, interpretación de canciones tradicionales acompañadas del
shamisen, instrumento de cuerda tradicional y danzas clásicas.
En los Templos, está permitida la entrada a los visitantes y en
ellos se puede participar en las ofrendas tradicionales, como los votos, que son
peticiones escritas en plaquitas de madera que se cuelgan en el templo, y los
kenshus (recipientes con sake). También se puede adquirir algún
objeto generador de buenos augurios, a los que los japoneses son muy aficionados,
como los omamoris, hechos de tela, que la gente cuelga o lleva consigo. Los omikujis
son papelitos que un monje elige al azar y que nos dicen la suerte de ese momento,
Dai-Kichi si es buena, Kichi (suerte) si las cosas no van mal, y Kyo, si estamos
en una época de mala suerte. Si la suerte es positiva nos llevamos a casa
el papelito pero si no los atamos a una soga, para que los dioses los aparten
de este mundo. En los templos venden unos libros llamados Shuenshu, forrados de
seda y hechos con papel de arroz, que se utilizan para estampar en sus páginas
los sellos, que hay en los templos.