En Sri Lanka conviven personas de distintas etnias con diferentes costumbres y creencias religiosas, formando un mosaico muy atractivo.
La mayoría de la población es cingalesa seguida a distancia por los tamiles. Sin embargo, también se encuentran en la isla indios, aborígenes, árabes, malayos, gitanos, descendientes de portugueses, euroasiáticos y holandeses denominados burghers.
Los cingaleses son en su mayoría budistas y la sociedad está regida por el sistema de castas. Este pueblo es muy sociable y tratan al visitante con extrema cortesía. Los ancianos son muy respetados y los niños vivaces. La mujer continúa ocupando un segundo plano en la sociedad.
Los tamiles habitan, mayoritariamente, al norte y al este del país. Este pueblo ha mantenido sus costumbres sin mezclarse con las cingalesas, se casan entre ellos y únicamente se han dividido a la hora de elegir la religión, un 20 % son cristianos, mientras que la mayoría sigue el credo hindú, conviviendo según el rígido sistema de castas.
Los burghers mantienen costumbres y vestimentas europeas aunque cada vez son más minoritarios. También son minoritarios los aborígenes, conocidos como devas, que se han visto obligados a mezclarse con otras razas para no desaparecer. Son animistas y viven de la agricultura. Los gitanos, también una de las minorías, son nómadas y se dedican a las más variadas actividades, desde encantadores de serpientes hasta la fabricación de artesanía, pasando por las predicciones del futuro.
Musulmanes y cristianos conviven manteniendo sus creencias y celebrando sus festividades en paz.
La sanidad pública funciona adecuadamente y la esperanza de vida es relativamente alta para un país de estas latitudes: los hombres 67 años y las mujeres 72. La mortalidad infantil es de 31 por cada mil nacidos vivos. La enseñanza es obligatoria desde los cinco hasta los quince años y gratuita hasta la universidad.