La singular extensión del Principado provoca una extraña situación en cuanto al transporte se refiere. Por una parte se trata de un territorio perfectamente comunicado por cualquier medio conocido; por otra, en el interior de su espacio geográfico tan pequeño y accidentado, es obligada la limitación de ciertos medios así como la infraestructura que el gobierno y la empresa privada ofrecen. Lo extraño es que llegar a Andorra está garantizado si se tiene en cuenta que sus países vecinos, Francia y España, le brindan un soporte envidiable, eficiente, cómodo y seguro a tal grado que puede resultar más sencillo el tránsito por el Principado que incluso por algunas ciudades más habitadas de Europa.
En su interior, el país se encuentra casi libre de las cicatrices que dejan los caminos y el progreso a lo largo del tiempo. Como en una tierra virgen, el viajero debe buscar su rumbo y sus medios pero, al mismo tiempo y a diferencia de otros territorios, con la certeza de que encontrará un camino adecuado, seguro y rápido. Se trata pues de una nación que guarda una especial magia entre el tránsito de hoy y el de ayer, que se convierte en un laberinto con sus caminos en medio de paisajes inimaginables y cautivadores sin esa sensación de vértigo y desesperación que envuelve a los viajeros de los grandes países.
Avión
Las pequeñas dimensiones del Principado, sumadas a lo accidentado del terreno, no permiten pensar en la posibilidad de la existencia de un aeropuerto. Es posible que la moderna ingeniería lograse una serie de pistas adecuadas y suficientes para la recepción de vuelos regulares, que con afanes turísticos se consolidaran aeródromos con los excelentes rasgos de la calidad andorrana; sin embargo, quizás por tradición o tal vez por clemencia con la historia y la naturaleza, la idea de acceder por vía aérea a este paraíso montañoso, guardián de riquezas medievales y de un ambiente tan puro y natural, resultaría un contraste difícil de asimilar tanto para el visitante como para los propios andorranos.
A pesar de esta carencia, los viajeros pueden acceder al país a través de los aeropuertos españoles de Gerona y Barcelona, en tanto que por el lado francés se puede hacer por Toulouse. Los tres aeropuertos cuentan con una amplia frecuencia de vuelos nacionales e internacionales que permiten establecer las más variadas rutas y, por tanto, garantizan el acceso al Principado desde cualquier lugar del mundo. De todos, es el de Barcelona el que se encuentra más equipado y comunicado, siendo el más utilizado tanto por los andorranos como por los extranjeros.
Tren
Andorra puede enorgullecerse de no haber sido mancillada por los tendidos de las líneas de ferrocarril que dejan un saldo doloroso en las ciudades, los bosques y las montañas. El sonido del tren no se ha escuchado aún en los valles y cumbres de esta tierra. Lo extraño es que a pesar de esto, no se trata de un territorio inaccesible, perdido en las profundidades de la incomodidad y el olvido. Con el tren ocurre lo mismo que con el avión: se puede tomar hasta Barcelona, hacer conexiones hasta ciudades como Puigcerdà, en Catalunya, y luego transbordar en autocar o automóvil hasta el Principado.
Autobús
El encanto resguardado de Andorra ha sucumbido ante el autobús. En la capital, Andorra la Vella, se ha construido en 1993 una moderna y equipada estación de autobuses que recibe a los viajeros procedentes de todas partes. Las principales líneas, con trayectos casi todos los días, son de Barcelona y ofrecen salidas constantes, cómodas y económicas. Por otro lado, Puigcerdà cuenta con servicios regulares al Principado. Por su parte, las francesas Aix-les-Termes y Tour de Carol, son poblaciones fronterizas que disponen de líneas para el recorrido hacia Andorra la Vella.
Desde Madrid, al igual que de Algeciras, Cartagena y Murcia, parten servicios diarios hasta el Principado. Por su parte, Galicia ofrece salidas los martes y jueves en un servicio que se detiene en Porriño, Vigo, Pontevedra, Soutelo, Carballino, Orense, Xinzo de Limia, Verín, Puebla de Sanabria, Benavente, Tordesillas, Valladolid, Palencia, Burgos, Logroño y Tudela, en tanto que el recorrido a la inversa se realiza los jueves y domingos.
En el seno del territorio andorrano, las líneas de autocar son el mejor medio para desplazarse por el país si no se tiene automóvil. La mayor parte de los servicios que enlazan a las siete Parroquias que componen Andorra, parten y retornan de la capital, hecho natural si se consideran las dimensiones del Principado.
Automóvil
Sin lugar a dudas, el automóvil es el mejor medio para conocer este paraíso montañoso. Las carreteras se encuentran en muy buen estado, además de ser seguras y económicas. En realidad se trata de una sola carretera principal que sigue un trazado similar al del Río Valira, formando una especie de "Y". De ella se derivan caminos secundarios hacia cada una de las Parroquias y Estaciones de Esquí. Los recorridos son cortos dadas las dimensiones del país; además, el paisaje es inmejorable, convirtiendo el traslado en un momento tan espectacular y valioso como la llegada al destino final. Como inconveniente tiene que, en las ciudades, especialmente en Andorra la Vella, el tráfico se vuelve insoportable y es necesario resignarse de antemano a pasar buen tiempo atrapado en los atascos que constituyen la cotidianeidad de estas ciudades colapsadas por el importante flujo de coches.
El uso del taxi como medio alternativo se encuentra bastante desarrollado en el Principado. Si se viaja en grupos pequeños, es factible y rentable alquilar un taxi para hacer los traslados de una ciudad o aldea a otra. Dentro de Andorra existen compañías de taxis que se encargan de promover estos servicios. Por su parte, Barcelona, Lleida y Andalucía ofrecen un servicio especial para estas circunstancias que incluyen en sus tarifas el viaje España-Andorra con la ventaja de que los viajeros pueden, dentro de ciertos límites, definir los horarios y paradas de acuerdo a sus particulares necesidades.