Los romanos llegaron a instalarse a Croacia en el año
229 a.C., donde permanecieron alrededor de ochocientos años. Cuando el
Imperio fue dividido, Croacia, junto con Eslovenia y Bosnia quedó como
parte del Imperio Romano de Occidente. El emperador Diocleciano se retiró
a la fortaleza que construyó en Split, que queda hoy como la mayor ruina
romana en Europa del Este. En el siglo VII las tribus de eslavos croatas desplazaron
a los romanos y formaron un reino independiente bajo el mandato del duque Dálmata
Tomislav en el siglo X. Ante la amenaza turca, los croatas pidieron en el siglo
XVI la ayuda de Austria, bajo cuyo mandato permanecieron hasta 1918.
Tras la derrota de Austria en la Primera Guerra Mundial, Croacia pasó a
ser gobernada por Serbia, con la resistencia enérgica de los nacionalistas
croatas que aspiraban a la independencia. Durante la guerra, el gobierno fascista
del movimiento Ustasa dominó Croacia y Bosnia y Herzegovina, iniciando
una devastadora campaña de exterminio contra serbios, judíos y gitanos
que habitaban en Croacia. Las masacres de croatas por parte del movimiento de
los serbios Cetnik impulsó a muchos croatas a unirse a las fuerzas comunistas
de Tito para hacer frente a las matanzas.
Ultimos
Acontecimientos
Tras la guerra, se le garantizó
a Croacia un estatuto de autonomía pero con el gobierno en Belgrado. Aprovechando
los vientos de cambio que azotaron la Europa del Este en 1989, los croatas organizaron
las primeras elecciones libres en 1990, imponiéndose en ellas el partido
de la Unión Democrática Croata de Franjo Tudjman. Un referéndum
en mayo de 1991 aprobó la independencia de Croacia, pero la minoría
serbia se sintió amenazada, proclamando a su vez la independencia de la
región de Krajina, de mayoría serbia, estallando las hostilidades
el verano de ese mismo año.