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FRANCIA - HISTORIA
 

DATOS HISTÓRICOS

La Prehistoria

Los primeros indicios humanos de lo que hoy constituye Francia se remontan al Paleolítico, hace alrededor de 25.000 años, cuando grupos de la Edad de Piedra se establecieron en el Valle del Dordoña, en el suroeste de la actual geografía del país. Las huellas de estos grupos han quedado reflejadas en la serie de pinturas rupestres existentes a lo largo del Valle del Dordoña, siendo las más excepcionales las de La Grotte de Lascaux en Montignac.

En el neolítico, entre los años 12.000 y el 4.000 aC. los asentamientos humanos se regularizaron en torno a los valles de los cuatro ríos más importantes de Francia (Dordoña Loira, Ródano y el Sena). Numerosos restos de herramientas de trabajo y artículos de cocina dan muestras del grado de avance de aquellos antiguos habitantes que se iniciaban en la agricultura.

Celtas, Galos y Griegos

Hacia el año 450 aC. los pueblos célticos ocuparon la zona del norte y se apropiaron de sus montañas y bosques mezclándolos con sus tradiciones y leyendas. Los galos o gálicos, se consideran los habitantes franceses por excelencia. Un poco antes, en el 600 aC. los griegos se asentaron en la zona mediterránea dando nombre a Corsica, actualmente la isla de Córcega y fundando Massilia, hoy convertida en el Puerto de Marsella. Como en otros sitios, los griegos dejaron parte de su civilización clásica diseminada por la zona y evitaron entrar en enfrentamientos con los habitantes del norte. En la coexistencia de estas dos culturas se entrelazan las raíces del actual pueblo francés.

Romanos y Francos

Durante el Imperio Romano, hacia el año 120 aC. la zona mediterránea sucumbió a los ejércitos del César (los galos resistieron hasta el año 50 aC.). Julio César logró vencerlos e inició la unificación de lo que hoy es Francia.

En las márgenes del Sena, así como en una de las pequeñas islas que se encuentran en el interior de este río, nació una pequeña población a la que los galo-romanos llamaron 'Lutetia' (ciudad del barro), misma que más tarde se convertiría en París. Esta ciudad recibió los numerosos asaltos de varios pueblos bárbaros: visigodos, ostrogodos, burgundos y francos. El ataque más fuerte que vivieron fue el de Atila, rey huno, que estuvo a punto de destruir la ciudad entera. Finalmente fueron los francos quienes lograron vencer a los galo-romanos y asentarse en Lutetia, a la que llamaron París, en honor a una tribu de pescadores del Sena, los parisi.

Con el rey Clodoveo y el dominio franco, se inicia la Etapa Merovingia. En ella los francos se convierten al cristianismo y edifican grandes monasterios y centros de cultura como Limoges, Tours y Chartres entre el año 490 y el 511 dC. A partir de la conquista de los francos, París se convierte en el centro del imperio; un centralismo que perdura por largo tiempo y que hace de esta ciudad el principal objetivo de asalto para cualquier conquistador.

Del siglo VIII al siglo XIII

La entrada en escena de los árabes en el mundo europeo hacia el año 730 dC., obliga a cambios en los sistemas y jefes de gobierno. Carlo Magno se convierte en Rey y detiene el avance árabe aunque es derrotado en la Batalla de Roncesvalles. Es en este periodo cuando se delimita la frontera con España y el Sacro Imperio se extiende hasta Alemania. A la muerte de Carlo Magno viene una sucesión de reyes que logran sostener el Sacro Imperio hasta el año 987, cuando la parte oriental pasa a ser Alemania y la occidental Francia.

La elección de Hugo Capeto como rey de Francia en el 987 da inicio a la dinastía de los Capetos en la que se establece el principio monárquico hereditario. Un breve periodo de orden y tranquilidad posibilita el fortalecimiento de las relaciones con la Iglesia Romana y el desarrollo de la cultura, el arte y la arquitectura, cuyo estilo románico se refleja claramente en las catedrales de Autun y Angulema.

En 1066, los normandos, a las órdenes de Guillermo el Conquistador, toman Inglaterra. El reino anglonormando adquiere poder y es motivo de lucha cuando Leonor de Aquitania, casada con Luis VII de Francia, pasa a ser la esposa de Enrique II de Inglaterra, adjudicando así el territorio normando a los ingleses.

Durante los dos siglos siguientes, la fuerza árabe ocupará a los europeos en las Cruzadas para frenar su influencia. Estos periodos se verán salpicados de numerosos episodios de lucha entre los reinos de la zona con los anglonormandos y la influencia de la Iglesia Romana que terminará instalando la Sede Papal en Aviñón hacia 1309.

El Renacimiento

El periodo comprendido entre 1330 y 1598 representa una fase de luchas constantes contra los ingleses; en éste se enclava la conocida Guerra de los Cien Años. El término de esta rivalidad se da cuando los franceses recuperan Calais y los ingleses salen del territorio franco. Es también en esta fase cuando se da la invasión italiana, que más que militar es cultural a través de los artistas invitados a las cortes por Francisco I. Entre éstos destaca Leonardo Da Vinci que hizo de Francia su tierra de éxito. El Renacimiento llega y se instala gracias a este desliz cultural del monarca y a la presencia de los genios italianos. En los últimos años del siglo XVI se suscitan numerosas guerras religiosas entre católicos, protestantes y hugonotes, después de las cuales se genera el primer clima de tolerancia religiosa y libertad de culto.

La llegada al poder del Primer Rey Borbón, Enrique IV (1598) marca un periodo de esplendor cultural y artístico. Luis XVI, el Rey Sol, logra hacer de Francia la nación más poderosa de la época. El poder económico del país es terreno para engendrar las ideas de la Ilustración, el Enciclopedismo y el Método Científico a partir de las cuales comenzará a gestarse la Revolución.

La Revolución Francesa, Napoleón y el fin de los Borbones

Durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763) una vez más contra los ingleses, Francia pierde la mayor parte de sus posesiones de ultramar en tanto que Inglaterra se consolida como la primera potencia mundial. La Revolución Francesa es la primera que exige igualdad y libertad en el sentido que hoy tienen estos términos. La toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, marca el inicio de un periodo cuyas repercusiones alcanzarán a todo el mundo dominado por los europeos. Sin embargo, los ideales revolucionarios terminan en la implantación de una época conocida como la del terror, en la que son ejecutados numerosos aristócratas y celebridades.

En 1804 Napoleón se corona a sí mismo emperador en Notre Dame, con la presencia del Papa. Su estrategia militar conquista gran parte de Europa y restablece una etapa de esplendor artístico. La escuadra francesa es apalastada por Nelson en Trafalgar. El famoso militar es detenido en tierra por el Imperio Ruso, razón por la que abdica y es desterrado a la isla de Elba, en el Mediterráneo.

La abdicación napoleónica posibilita la restauración de la monarquía de los Borbones. Aunque Napoleón hace un intento por recuperar el Imperio, no tiene éxito en su incursión y es derrotado en Waterloo en 1818. La Batalla de Waterloo puso fin al Imperio de los Cien Días . Esta vez su exilio es definitivo y muere en la isla de Santa Elena en el Atlántico Sur.

La dinastía borbónica no puede resolver la fuerte crisis económica que se le presenta al país en 1848. Todo hacía pensar que el nuevo régimen sería más sólido que el anterior, el nuevo rey parecía ofrecer a la burguesía todas las garantías que ésta podía desear, pero tuvo que enfrentarse a una doble oposición: la de los monárquicos y la de los republicanos. Los propietarios de la vieja Francia, que bajo la Restauración habían creído retornar al estado de las cosas del Antiguo Régimen, conservaron sólidas posiciones en la Francia rural, más numerosa en la época que la población urbana. En las ciudades, en cambio, y en algunas provincias particularmente patriotas, subsistió una oposición republicana que consideraba que la Revolución había sido malograda. Esta posición 'izquierdista' también se nutria del proletariado que emergía. La monarquía no respondía a las aspiraciones de amplias capas de la nación, la crisis económica restó el apoyo de las clases adineradas a la monarquía, aumentando la oposición de los burgueses radicales y del proletariado. En Francia se levanta una sublevación democrática para la ampliación de las bases del poder y termina con la abdicación del rey Luis Felipe. La burguesía necesitó de nuevo del pueblo para obtener la caída del régimen, pero esta vez el pueblo no quería retirarse de sus conquistas y la lucha sangrienta que se estableció separaría desde ese momento a la burguesía de la clase obrera. Era la época en que Marx publicaba su célebre 'Manifiesto Comunista'. A partir de aquí Francia se encontrará en un sistema republicano que sufrirá luchas interiores, intentos de invasión de otros países europeos, periodos de solidez y resquebrajamiento. Es en uno de esos periodos de solidez cuando Francia se consolida como un imperio colonial en el norte de Africa y el sureste de Asia. Este carácter asaltado de la Francia del siglo XIX origina movimientos artísticos y culturales como el romanticismo, el impresionismo, el modernismo y el cubismo, entre otros. Francia es el sitio ideal para refugio de intelectuales, científicos y artistas que la miran como un imperio fuerte, libre, excitante, pero que, al mismo tiempo, ofrece esa extraña inestabilidad que tanto apasiona a los artistas.

Luis Napoleón, hijo de la reina Hortensia y de Luis Bonaparte, aprovecha la coyuntura de la crisis política y social para conseguir la presidencia de la República en 1848. En 1851 con un golpe de estado se transforma la República en Imperio. Con Napoleón III Francia vivió una época de guerras interminables, hasta que abdicó en 1870 y se volvió a proclamar la República. El poder se hallaba en manos de los grupos conservadores esta vez. La III República se mantuvo con altibajos hasta 1914. La política exterior de principios del siglo XX, dirigida por los radicales levantó la Triple Entente (Francia, Rusia y Gran Bretaña), frente a la Triple Alianza (Alemania, Austria e Italia).

Las Guerras Mundiales

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) cambia el panorama no sólo de Francia, sino de todo el mundo. Por primera vez los franceses son aliados de Inglaterra, ahora contra los alemanes. El territorio francés es duramente castigado por los ejércitos germánicos, especialmente en el norte. La guerra transformó completamente a Francia. La República había resistido la prueba. Pero nada compensaba los 300.000 muertos, ni el agotamiento económico que se traducía en una crisis monetaria de grandes dimensiones. El periodo posterior a la Primera Guerra Mundial ofrece un terreno de reconstrucción que atrae, una vez más, a artistas y escritores al igual que en otros periodos de paz. La crisis económica que estalló en los Estados Unidos en 1929 no tardó demasiado en afectar a Francia, siendo el principal responsable de la transformación de la postguerra en una anteguerra.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) ocupa a Francia de manera más drástica. Las tropas nazis toman el gobierno francés durante algunos años en los que el terror de la guerra es el tono constante. Desde Londres, la Resistencia Francesa Libre, dirigida por Charles de Gaulle, mantiene la esperanza de recuperar el país. Los aliados toman Normandía el 6 de junio de 1944 y comienzan la recuperación de Francia por el norte y por el sur en Provenza, días más tarde. París es finalmente liberado en agosto del mismo año instalándose un gobierno provisional dirigido por el General De Gaulle.

De la II Guerra Mundial a Nuestros Días

Terminada la guerra Francia elabora una nueva constitución. Sus colonias africanas y asiáticas luchan por su independencia y la situación francesa de posguerra le impide recuperar algunas de ellas. En 1957, junto con otros países europeos, Francia interviene en la construcción de la Comunidad Económica Europea.

En 1958, bajo la nueva Constitución francesa, Charles de Gaulle es el primer presidente de la Francia de la posguerra. Después de los disturbios estudiantiles de mayo de 1968, De Gaulle dimite. Años más tarde, Francois Mitterrand se convierte en el primer presidente socialista elegido democráticamente por los franceses. Durante su mandato, que se prolonga al ser reelegido, Francia recupera su carácter de vanguardia, su patrimonio cultural, su poder económico y se constituye como una nación defensora de los derechos humanos, la libertad, la democracia y la paz.

En 1993, los franceses dan un giro en su política al elegir a un primer ministro conservador como presidente: Jaques Chirac. En 1997 las elecciones sitúan a Lionel Jospin como primer ministro, dando un nuevo giro hacia el socialismo. La actual situación del país es difícil de explicar. Igual que en el resto de los países europeos, el nivel de vida de sus habitantes es satisfactorio, pero se enfrentan a los enemigos del siglo XX: la sobrepoblación, la crisis interior del hombre como individuo y el imparable desempleo.

 

 

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