En la época de los vikingos el arte noruego, que conocemos
principalmente a través de los navíos, se manifiesta con temas tomados
del mundo animal y ejecutados en madera. Este tipo de ornamentación vuelve
a encontrarse en las primeras iglesias románicas cristianas construidas
en madera. Hacia mediados del siglo XIX aparecen algunos monasterios e iglesias
de piedra. Lo que destaca en estas iglesias no es sólo el material sino
el método utilizado en su construcción, según el cual, los
tablones de las paredes eran incrustados en las columnas que sustentaban las esquinas,
montándose sobre un marco de vigas. En su día se contabilizaron
unas 750 de estas iglesias. Hoy sólo quedan alrededor de 30.
En cuanto a pintura, destaca ya en el siglo XIX , la Escuela de J. C. Dahl
y los tapices de G. Munthe. Posteriormente la obra de Edvard Munch daría
a la pintura noruega fama internacional. El más célebre escultor
noruego es G Vigeland, su exposición permanece en el Frogner Park y es
particularmente interesante. En cuanto al teatro no podemos olvidarnos de la figura
de Henrik Ibsen.
Los cuentos noruegos de duendes y trolls
constituyen un fascinante mundo en la tradición cultural de este país,
nacidos para contarlos junto al fuego en los largos meses de invierno. Los trolls
viven, además, en los nombres de muchos lugares de Noruega y en sus pequeñas
figuritas de madera.
La cultura noruega se traduce en numerosas
exposiciones, festivales y múltiples actividades.