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REP CHECA - SITIOS DE INTERÉS
 

Recorrer Praga es una delicia. Esta ciudad de ensueño cuenta con numerosos rincones mágicos que el visitante descubre a medida que pasea por los distintos barrios llenos de historia. Después realizaremos un breve recorrido por las regiones de Bohemia y Moravia.

PRAGA

La columna vertebral de Praga es el río Vltava (Moldava) que atraviesa la ciudad de sur a norte con un pronunciado meandro al este. Praga estaba compuesta originalmente por cinco ciudades independientes, representadas en la actualidad por los principales barrios históricos: Hradcany, la zona del castillo, Malá Strana, el Barrio Pequeño, Staré Mesto, la Ciudad Vieja, Nové Mesto, la Ciudad Nueva y Josefov, el Barrio Judío.

Hradcany, sede de la realeza checa durante siglos, tiene como eje al Prazský Hrad, el Castillo de Praga, que domina la ciudad desde la cumbre de una colina al oeste del Moldava. Entre Hradcany y la Malá Strana se extiende una zona de vistosas mansiones construidas por la nobleza de los siglos XVII y XVIII.

El Karluv Most, Puente de Carlos, enlaza la Malá Strana con Staré Mesto. A una pocas calles al este del río se encuentra el punto focal de la Cuidad Vieja, Staromestské Namestí, la Plaza de la Ciudad Vieja. Staré Mesto está encerrada entre la curva del Moldava y tres grandes avenidas comerciales: la calle Revolucní al este, Na Prikope al sureste y Narodní trída al sur. Más allá está ubicado Nové Mesto, varias calles al sur se encuentra Karlovo Namestí, la plaza más grande de la ciudad. A un kilómetro aproximadamente al sur se eleva Vysehrad, un viejo castillo enclavado en el curso alto del río.

Sobre un promontorio al este de la Plaza de Wenceslao está Vinohrady, en una época el vecindario favorito de los aristócratas checos, más abajo se encuentran los barrios de Zizkov al norte y Nusle al sur. En la orilla suroccidental del Moldava y este de Hradcany se ubican viejas zonas residenciales y enormes parques. A unos kilómetros del centro en cada una de las direcciones, el desarrollo urbanístico de la etapa comunista se hace evidente.

La Ciudad Antigua

Václavské Namestí, la Plaza de Wenceslao es el centro para el transporte y es el lugar idóneo para iniciar cualquier recorrido de la Ciudad Antigua (Staré Mesto). Más que de una plaza, se trata de una larga avenida con una ligera pendiente. La Václavské Namestí está bordeada en su parte alta, en el extremo sur, por el Museo Nacional de Bohemia y en su parte inferior por la zona comercial de peatones de Národní trída y Na Prikope. Fue aquí donde unas 500.000 personas se congregaron en 1989 para protestar contra la política del régimen comunista entonces en el poder. Una semana de manifestaciones culminó con la capitulación del gobierno, sin que se disparara un solo tiro ni se perdiera una sola vida, dejando vía libre al primer gobierno democrático en 40 años, presidido por el dramaturgo Václav Havel. Los checos se refieren a esta pacífica transición de poder como la Revolución de Terciopelo (Nezná Revoluce).

Plaza de Wenceslao

Actualmente la Plaza de Wenceslao es la zona urbana más animada de Praga. En el gran laberinto de arcos, ocultos desde la calle, que hay en el interior de los edificios que se alzan a ambos lados se puede disfrutar con una extraña mezcla de cafés, discotecas, heladerías y salas de cine, todo ello con un aspecto que ha permanecido inalterado con el paso del tiempo. La Plaza de Wenceslao fue trazada por Carlos IV, allá por 1348, y cuenta con construcciones de interés como el Národní Muzeum, Museo Nacional Checo, diseñado por el arquitecto de Praga Josef Schulz y construido entre 1885 y 1890, alcanza todo su esplendor cuando es iluminado por el alumbrado nocturno, el Hotel Europa, situado en el número 25, un edificio "art nouveau" que recuerda el lujo de la Praga de principios de siglo con una elegante vidriera y hermosos mosaicos en la zona del café y del restaurante.

La visita de la Ciudad Antigua comienza en el alto complejo Koruna de estilo "art decó" para a continuación girar hacia la derecha, viniendo del museo, para llegar a una bonita zona de peatones, denominada Na Prikope. El nombre significa literalmente 'en la zanja' y se remonta a la época en que esta calle servía de foso para separar la Ciudad Antigua, a la izquierda, de la Ciudad Nueva, a la derecha. En la actualidad, Na Prikope es la principal zona comercial con pequeñas boutiques en las que se exponen diseños elegantes.

Girando a la izquierda hacia Havírská ulice, se llega al Stavovské Divadlo, el Teatro Estatal, construido a finales del siglo XVIII en estilo clásico y reabierto en 1991. Este bello teatro se ha convertido en el faro de la cultura en lengua checa en una ciudad que durante tanto tiempo ha estado sometida a la influencia germánica. Es famoso porque en él se estrenó la ópera "Don Giovanni" de Mozart, en octubre de 1787, bajo la dirección del propio compositor. El público de Praga no tardó en reconocer el genio de Mozart, la ópera obtuvo aquí un éxito inmediato, a diferencia de lo que sucedió en la mayoría de las ciudades europeas.

Na Prikope termina en la Namestí Republiky (Plaza de la República), un importante nudo de comunicaciones de la Ciudad Nueva, con una estación de metro, que nunca ha conseguido convertirse en un espacio público importante, debido tal vez a su eclecticismo arquitectónico. Vistos de uno en uno, todos los edificios presentan interés en su propio estilo, pero el conjunto no resulta tan atractivo. Cerca se encuentra la majestuosa Prasná brána, Torre del Polvorín con sus engalanados capiteles góticos perfilándose sobre la plaza. La construcción de la torre, una de las 13 puertas originales con que contaba la ciudad, fue iniciada bajo el reinado del Jagellón Ladislao II, en 1475. En aquella época, los reyes de Bohemia mantenían su residencia real en las inmediaciones, donde se encuentra actualmente la Obecní dum, el Ayuntamiento, y esta torre estaba considerada como la puerta más suntuosa de todas. La parte más antigua de la torre es su base. Las agujas doradas no fueron añadidas hasta finales del siglo pasado. Desde lo alto se disfruta de una sorprendente panorámica de la Ciudad Antigua con el castillo a lo lejos.

Junto a la dignidad regia de la Torre del Polvorín, la Obecní Dum, el Ayuntamiento, contrasta por su estilo modernista que evoca el afán de la clase media checa de principios de siglo por imitar a París. A lo largo del año se celebran algunos de los mejores conciertos en la espléndida Sala Smetana. El edificio contiene numerosas obras de los mejores artistas de la época. Alfons Mucha, famoso por sus carteles e ilustraciones de estilo "art nouveau", se encargó de la decoración de la sala principal del alcalde. Sus frescos representando la historia de la antigua Checoslovaquia están considerados como una obra maestra en su género.

Pasando por el arco situado al pie de la Torre del Polvorín y caminando hasta la elegante calle Celetná, se realiza la primera parte del recorrido tradicional de la ceremonia de coronación de los reyes checos, conocido como el Camino Real, que desemboca en el Castillo, al otro lado del río. Los monarcas elegían esta ruta principalmente por su sorprendente entrada en la Staromestské Námestí, Plaza de la Ciudad Vieja, que está un poco más abajo. Las casas que se alzan a lo largo de la Celetná figuran entre las más bellas de la ciudad y ofrecían el marco idóneo para la comitiva de la coronación, la mayoría de las fachadas datan del siglo XVII o XVIII. La Casa Sixt, de color rosa, en Celetná 2, presenta una de las fachadas barrocas más elegantes. La vivienda data del siglo XII y sus bóvedas de estilo románico permanecen aún visibles en la bodega que hay en el sótano.

La Staromestské Namestí, Plaza de la Ciudad Vieja, al final de la Celetná, es deslumbrante. Esta plaza, que durante mucho tiempo fue el corazón de la Ciudad Vieja, creció hasta alcanzar sus proporciones actuales en el siglo XII, cuando el antiguo mercado de la ciudad fue trasladado lejos del río. Su forma y aspecto apenas han cambiado desde entonces. Durante el día, la plaza se llena de actividad, a medida que los músicos compiten entre sí por atraer la atención de los viandantes. Vale la pena volver a esta plaza de noche, cuando las torres de la Iglesia Týn, a la derecha según se entra en la plaza se alzan majestuosamente en la oscuridad sobre las resplandecientes fachadas barrocas.

Durante el siglo XV, la plaza fue escenario de los conflictos entre los husitas checos y los católicos alemanes. El centro de las actividades de los husitas era la Iglesia de Týn, Kostel Panny pred Týnem. Esta fascinante iglesia gótica se alza sobre la plaza desde la parte trasera de una hilera de mansiones. La construcción de las torres negras de la iglesia, chocantes por su contraste con las fachadas de las casas de colores que hay más abajo, se inició bajo el reinado de Jorge de Podvebrady en 1461, durante el apogeo de los husitas. Para entrar en el templo debe atravesar los soportales, bajo la casa colorada del número 604. Celetná 5. A pesar de que la parte exterior ofrece uno de los mejores ejemplos del gótico praguense, en parte obra de Peter Parlér, el arquitecto del Puente de Carlos y de la Catedral de San Vito, el interior fue reconstruido al estilo barroco en el siglo XVII. Antes de abandonar la iglesia, merece la pena visitarse la tumba del gran astrónomo danés Ticho Brahe, que vino a Praga como 'Imperial Mathematicus' en 1599 bajo el reinado de Rodolfo II.

Un poco más a la izquierda se encuentra el deslumbrante Palác Kinských, Palacio Kinký, de color rosa y ocre, que data de 1765 y está considerado como uno de los más bellos ejemplos del barroco tardío. Con sus abundantes adornos y estatuas, la fachada resulta sobrecargada si se compara con el barroco austero de la vecina Casa Sixt. Este edificio en otros tiempos era una escuela alemana, en la que estudió Franz Kafka durante nueve años, es en la actualidad la sede de la Galería Nacional con una magnífica colección de artes gráficas.

En este extremo de la plaza se encuentra el expresivo Monumento a Jan Hus, erigido en 1915, 500 años después de que Hus muriera en la hoguera en la ciudad alemana de Constanza. Tenaz predicador que con su habilidad para transformar las disputas doctrinales, en el lenguaje del pueblo, se convirtió en símbolo religioso y nacional para los checos.

Frente a la Iglesia de Týn se encuentra el Staromestská Radnice, el Ayuntamiento de la Ciudad Antigua, de estilo gótico con una fachada majestuosa. A medida que avanza hacia el edificio se descubren 27 cruces blancas que aparecen en el suelo delante de la fachada del Ayuntamiento. Estas cruces marcan el lugar en el que 27 nobles bohemios encontraron la muerte a manos de los Habsburgo en 1621, durante los oscuros días que siguieron a la derrota de los checos en la Batalla de la Montaña Blanca. Bordeando el edificio hacia la izquierda se pueden ver una serie de casas que sobresalen de la plaza y que fueron incorporadas al complejo posteriormente. La más interesante es la U Minuty, el edificio de la esquina a la izquierda de la torre del reloj, con sus motivos del Renacimiento que datan del siglo XVI.

La impresionante torre del Ayuntamiento de 60 metros de altura fue construida en el siglo XIV aunque recibió su aspecto actual de estilo gótico tardío, obra del maestro Matyás Rejsek, alrededor del año 1.500. Para contemplar una vista insólita de la Ciudad Antigua y de su laberinto de calles serpenteantes y callejuelas, no hay más que subir a la torre.

A medida que se acerque el momento de dar la hora, un numeroso público que se congrega bajo el Reloj Astronómico de la torre, construido en 1492, para contemplar un breve, aunque fantasmal, espectáculo sacado directamente de la Edad Media. Justo antes de que dé la hora en la parte superior del reloj un esqueleto comienza a doblar un toque de difuntos mientras vuelca un reloj de arena, los Doce Apóstoles desfilan por las pequeñas ventanas y un gallo sacude las alas mientras su canto atraviesa el aire. La hora suena llena de solemnidad. A la derecha del esqueleto, el temido turco inclina su cabeza, como si estuviera avisando de otra invasión como aquellas que se sucedían en los siglos XVI y XVII. Lo más destacable del interior son los artesonados renacentistas y la sala del Concejo de estilo gótico.

Paseando en dirección norte bordeando el pequeño parque que hay junto al Ayuntamiento se llega a la Kostel svatého Mikuláse, Iglesia de San Nicolás, de estilo barroco, que no debe confundirse con la Iglesia de San Nicolás de la Ciudad Pequeña, al otro lado del río. Ambas iglesias fueron construidas en el siglo XVIII por el propio maestro del barroco tardío de Praga, Kilian Ignaz Dientzenhofer. Aquí se celebran a menudo conciertos vespertinos.

La Casa Natal de Franz Kafka se encuentra justo a la izquierda de San Nicolás, en U Radnice. En el flanco de la casa aparece una pequeña placa. En su lugar de nacimiento se ha abierto un pequeño museo lleno de encanto, U Radnice 5.

Continuando hacia el sur por la Maislova ulice, dejando la Iglesia de San Nicolás a su izquierda, se arriba a la Malé Namestí, la Plaza Pequeña, un conjunto casi perfecto de fachadas medievales. En el centro de la Plaza destaca la Fuente de Hierro del Renacimiento, que data de 1560. Saliendo de la plaza por la diminuta calle Karlova, que comienza en la esquina suroeste de la Malé Namestí, se tiene la sensación de haber penetrado en un laberinto ya que el trazado de esta calle parece haber sido hecho para confundir al visitante. Actualmente, la mayor parte de la calle está ocupada por galerías de arte y tiendas de regalo. Pero los adoquines, las callejuelas y los gabletes desmoronados permiten imaginar cómo era la vida aquí hace 440 años.

Girando a la izquierda en la intersección en forma de 'T', donde Karlova parece finalizar, frente a Ceské Muzeum Výtvarných Umení, y continuando por la muy tranquila calle Husova se llega a un edificio que los amantes del barroco deben visitar, el exótico Palacio Clam-Gallas, situado en Husova 20. La puerta está compuesta por unos titanes sosteniendo lo que sin duda es una fachada barroca muy pesada. El palacio, construido en 1713 es obra del arquitecto vienés Johann Bernhard Fischer von Erlach. Muy cerca está otra construcción barroca, en la Kostel Svatého Jiljí, la Iglesia de San Gil, frente al número 7, otro centro importante del protestantismo checo del siglo XVI. Su exterior es de un gótico soberbio, en el que no faltan los puntales y un pórtico característico mientras que su interior es barroco del siglo XVII.

Continuando por Husova trida hasta Na Perstýne y girando a la derecha se entra en la diminuta Betlémská ulice. Esta calleja desemboca en una tranquila plaza del mismo nombre, Betlémské Namestí, donde se encuentra la más reverenciada de todas las iglesias husitas de Praga, la Betlémská Kaple, Capilla de Belén. La elegante sencillez de este templo contrasta con el variado gótico y barroco del resto de la ciudad. El edificio original procede de finales del siglo XIV y era aquí donde solía predicar el propio Juan Hus, desde 1402 hasta su muerte en 1415. Después de la Guerra de los Treinta Años, la iglesia cayó en manos de los jesuitas y finalmente fue demolida en 1786. En las excavaciones que se llevaron a cabo después de la I Guerra Mundial se descubrió el pórtico original y tres ventanas, durante los años cincuenta se reconstruyó el templo en su totalidad. A pesar de que es poco lo que queda de la primera iglesia, aún puede verse en las paredes algunas de las enseñanzas de Hus. Betlémské nám. 5.

Regresando a Na Perstýne y caminando hacia la derecha se puede contemplar la parte de atrás de los edificios del concurrido Národní Trida, Bulevar Nacional. Al final de Martinská ulice se alza la solitaria y majestuosa Iglesia Kostel Svatého Martina ve zdi, San Martín de la Muralla. Resulta difícil imaginar que esta iglesia olvidada desempeñara en otros tiempos un papel tan importante en el nacimiento de las prácticas protestantes. Bordeando la iglesia hacia la izquierda y pasando bajo los arcos que sostienen un edificio de viviendas hasta llegar a Národní Trida se encuentra la Plaza de Wenceslao, el punto de partida de este recorrido.

El Gueto Judío

Saliendo de la plaza de la Ciudad Antigua por la bonita calle Parízská, y caminando en dirección al río y al Hotel InterContinental se llega a Josefov, el Gueto Judío. Los edificios y las casas que bordean la Parízská datan de finales del siglo XIX, y sus elegantes fachadas reflejan la prosperidad de la burguesía checa de aquella época. En numerosos lugares queda patente la influencia del Jugendstil vienés, versión austriaca del Art Nouveau francés, con sus mosaicos, las formas geométricas y las incrustaciones doradas.

El ambiente festivo, sin embargo, cambia repentinamente cuando se entra en la zona del gueto. Aquí los edificios son más bajos y viejos y se respira calma. Lamentablemente es muy poco lo que queda del antiguo gueto. Los judíos habían sobrevivido a siglos de discriminación y matanzas, pero dos acontecimientos no relacionados entre sí, ocurridos en la época moderna, han convertido este gueto en poco más que una colección de museos, diezmando su población. Allá por 1900, los padres de la ciudad determinaron que por motivos higiénicos, todo el gueto debía ser demolido y sus tortuosas calles, pavimentadas. A este intento de remodelación urbanística únicamente sobrevivieron las Sinagogas, el Ayuntamiento y un puñado de edificios. El segundo acontecimiento fue el holocausto. Bajo la ocupación nazi, la mayoría de los judíos de Praga fueron deportados y asesinados en los campos de concentración. De los 35.000 judíos que vivían en el gueto antes de la guerra, sólo regresaron unos 1.200.

Los tesoros del gueto pertenecen al Zidovské Muzeum, Museo Judío, un complejo que incluye el Antiguo Cementerio Judío y las colecciones de las distintas sinagogas que sobrevivieron. Las colecciones son muy numerosas, gracias, irónicamente, a Hitler, quien había planeado abrir un museo para documentar la vida y las prácticas de lo que él confiaba que sería un pueblo extinguido. El cementerio y la mayoría de las sinagogas están abiertos al público. Cada sinagoga está especializada en determinados objetos. La colección de la Sinagoga Vysoká, Sinagoga Alta, presenta ricos mantos y objetos de plata para los ritos religiosos. Calle Cervená, entrada por el número 101.

Anexo a la Sinagoga Alta, en Maislova 18, se encuentra el Zidovská Radnice, el Ayuntamiento Judío, el único ayuntamiento que existe fuera del Estado de Israel y que en la actualidad cobija al Centro Judío. Se cree que el edificio fue obra de Mordecai Meisel, un prestigioso dirigente judío de finales del siglo XVI.

La Sinagoga Staronová, Antigua Sinagoga Nueva, que hay al otro lado de la calle en Cervená 2, es la más antigua de cuantas existen en Europa. Fue levantada a mediados del siglo XIII y es también una de las obras más importantes del gótico primitivo de Praga. Este curioso nombre evoca la leyenda según la cual esta sinagoga fue construida sobre el lugar donde se encontraba un antiguo templo judío cuyas piedras sirvieron para la construcción de la sinagoga actual. Cuenta la leyenda que estas piedras protegen a la sinagoga del fuego y de la destrucción. La parte más antigua de la sinagoga es el atrio con la cúpula apoyada sobre dos columnas. El enrejado del centro de la nave se remonta al siglo XV.

Continuando por Cervená ulice, que se convierte en la pequeña calle del Antiguo Cementerio, U Starého Hrbitova, detrás de Maislova ulice, en la curva de la calle se encuentra el lugar más sorprendente de este barrio de Praga: el Antiguo Cementerio Judío, Starý Zidovský Hrbitov. Desde el siglo XIV hasta casi el XIX, todos los judíos que residían en Praga encontraban su última morada en este diminuto y melancólico recinto. Aquí se han apilado unas 12.000 tumbas, llegando a alcanzar hasta doce capas superpuestas. Nada más entrar en el cementerio, a la derecha se encuentra la Sala de Ceremonias, Obradní sín, en la que puede verse una emocionante exposición de dibujos realizados por niños presos en el campo de concentración nazi de Terezín, Theresienstadt, en el norte de Bohemia.

Otro testimonio de los trágicos crímenes perpetrados contra los judíos durante la II Guerra Mundial puede verse en la sinagoga Pinkasova, Sinagoga Pinkas, un bello edificio gótico cuyos cimientos se remontan al siglo XI. En las paredes del interior se encuentran escritos los nombre de 77.297 judíos de Bohemia y Moravia que fueron víctimas de los nazis.

Volviendo a Maislova ulice por U Starého Hrbitova y girando a la derecha en dirección a la Ciudad Antigua una vez más, cruzando la Siroká ulice se puede visitar la Sinagoga Maislova, Sinagoga Maisel, situada en Maislova 10, donde se conserva la más bella colección de objetos para el culto del Museo Judío, que incluye capas y mantos, punteros de plata, vestiduras del sumo sacerdote y cajas de especias, candelabros, así como accesorios para el lavado de las levitas. Se trata del material que los nazis confiscaron en Europa Central.

El Puente de Carlos y Malá Strana

La Malá Strana de Praga, que significa Barrio Pequeño o Ciudad Pequeña, no está hecha para el turista metódico. Su encanto radica en las estrechas calles, en las súbitas apariciones de arquitectura rimbombante y en las románticas vistas que surgen durante un segundo, antes de volver a desaparecer tras los inclinados tejados. El mejor momento de visitar esta zona es el atardecer, cuando una luz tenue esconde las fachadas y le brinda un mundo de destelleante belleza.

Inicie el recorrido por el lado de la Ciudad Antigua del Karluv Most, el Puente de Carlos, al que podrá llegar a pie en unos diez minutos desde la plaza de la Ciudad Antigua. La panorámica que se aprecia desde el puente es sobrecogedora, las torres y cúpulas de Malá Strana, coronada por las murallas del Castillo y las altas agujas de la Catedral de San Vito, hacia el noroeste. Esta vista celestial, una de las más hermosas de toda Europa, va cambiando sutilmente su perspectiva a medida que se avanza por el puente, guardado por los numerosos santos barrocos que embellecen las tranquilas piedras góticas. De noche ofrecen un espectáculo lleno de hechizo: la Catedral de San Vito iluminada en un verde espectral, el Castillo en un amarillo monumental y la Iglesia de San Nicolás en un voluptuoso tono rosa, todo ello visto a través de las amenazadoras siluetas de las estatuas encorvadas y las torres góticas. Aunque sea lo único que haga en Praga, no deje de venir al Puente de Carlos por la noche. Este ha sido siempre uno de los centros de actividad de Praga. Allá por el siglo X, cuando los príncipes Premislitas fijaron su residencia en Praga, existía un fuerte al otro lado del Vltava (Moldava), una conexión vital en una de las principales rutas comerciales de Europa. Después de que varios puentes de madera y el primer puente de piedra fueran arrastrados por las riadas, Carlos IV encargó la construcción del nuevo puente al arquitecto alemán Peter Parlér, que por aquel entonces tan sólo contaba con 27 años de edad y que fue también el autor de la Catedral de San Vito. Esto ocurría en 1357, y durante más de 300 años el único adorno con que contaba este puente era una cruz de madera. Después de ser derrotados por los Habsburgos en la batalla de la Montaña Blanca en 1620, los checos fueron sometidos a una doble imposición: una política, por parte del Imperio Austriaco, y otra espiritual, a cargo de la Contrarreforma, movimiento dirigido a aplastar el protestantismo. El Puente de Carlos se convirtió en el campo de Batalla en la lucha por conquistar el alma de los checos. Las numerosas estatuas barrocas, que hicieron su aparición a finales del siglo XVII, vinieron a simbolizar el totalitarismo del triunfo austriaco.

La Torre del Puente de la Ciudad Antigua marca el lugar en que Parlér inició la construcción del puente. Los bajorrelieves destinados a su embellecimiento fueron destrozados por soldados suecos en 1648, al final de la Guerra de los Treinta Años. Las esculturas que hay enfrente de la plaza se salvaron y continúan intactas, representan a Carlos IV, que padecía de gota, con su hijo, quien más tarde se convertiría en Wenceslao IV. Subir por los 138 escalones hasta la galería de la torre compensa el esfuerzo, ya que la vista del Castillo y del casco antiguo corta la respiración.

Vale la pena tomarse el tiempo necesario para contemplar alguna de las estatuas mientras se dirige hacia la Malá Strana. La tercera de la derecha, un crucifijo de latón con inscripciones hebreas en oro, fue montada en el lugar donde había una cruz de madera que quedó destrozada en la batalla contra los suecos. Las letras en oro de la nueva cruz fueron financiadas, al parecer, por un judío que había sido acusado de difamar la cruz. La octava estatua a la derecha, de San Juan Nepomuceno, es la más antigua de todas, es obra de Johann Brokoff y data de 1683. Los bajorrelieves de bronce narran la historia del destino del padre Nepomuceno: tras negarse a desvelar los secretos de confesión de la esposa del rey Wenceslao IV fue arrojado al río por orden del monarca. De repente, según cuenta la leyenda, alrededor de su cabeza aparecieron estrellas doradas. A mano izquierda, sobresaliendo del puente entre la novena y la décima estatua (esta última representa un magnífico Satanás derrotado), se encuentra la estatua de Roland. Personaje caballeresco que viste la capa de armas de la Ciudad Antigua, era la señal de que la parte del puente que se extendía hasta ese punto del río pertenecía a la Ciudad Antigua, antes de que Praga pasara a ser una ciudad unificada en 1784. La plaza que hay a sus pies es la Isla Kampa, separada de la Ciudad Pequeña por un brazo del Moldava conocido como Certovka, el Arroyo del Diablo.

Según la mayoría de los historiadores del arte, la estatua más valiosa es la duodécima a mano izquierda, esta estatua llena de dinamismo que representa a Santa Lugarda es obra de Mathias Braun y refleja el sueño de esta santa ciega, que Cristo le permite besar sus llagas. Un grupo no muy popular para los ciudadanos de Praga es el segundo desde el final a la izquierda, obra de Ferdinand Maximilián Broko, que data de 1714. Los santos tienen aquí un papel secundario. El interés se centra en el turco, cuya cara expresa un profundo tedio mientras vigila a los cristianos encerrados en la jaula que hay a su lado. Cuando se erigió esta estatua, apenas 20 años después de la segunda invasión de Viena por parte de los turcos, escandalizó a los praguenses que no tardaron en embadurnar la estatua con barro.

Ya casi al final del puente aparece la sorprendente conjunción de las dos torres del Puente de la Malá Strana, una gótica y la otra románica. Ambas sirven de marco de la rimbombante Iglesia barroca de San Nicolás, a lo lejos. De noche ésta brinda una magnífica vista. La más baja, la torre románica, formaba parte de los antiguos puentes de madera y de piedra, su aspecto actual procede de la rehabilitación llevada a cabo en 1591. La torre gótica, Mostecká Vez, fue añadida al puente algunas décadas después de haberse finalizado la construcción. Es aconsejable subir por las escaleras de madera del interior de la torre para poder disfrutar de las vistas sobre los tejados de la Malá Strana y de la Ciudad Antigua, al otro lado del río.

Pasando por debajo del pórtico de las torres y tomando la pequeña calle llamada Mostecká ulice se entra en la Malá Strana, la Ciudad Pequeña, fundada en 1257 y durante años residencia de los mercaderes y artesanos que trabajaban para la Corte. Una vez en Malostranské Namestí, la Plaza de la Ciudad Pequeña, que en la actualidad es su núcleo del tráfico, se pueden contemplar las casas con arcos a la izquierda que se remontan a los siglos XVI y XVII, y combinan los elementos barrocos con otros renacentistas.

A mano izquierda de la plaza se encuentra la Iglesia de San Nicolás, Chrám Svatého Mikuláse. Esta iglesia de dinámicas curvas es uno de los ejemplos más puros y ambiciosos del alto barroco. El célebre arquitecto Christoph Dientzenhofer inició la construcción de esta iglesia jesuita en 1704, en el lugar en que se encontraba una de las iglesias husitas más concurridas de Praga del sigloXV. Las obras fueron continuadas por su hijo Kilian Ignaz Dientzenhofer que fue quien construyó la cúpula y el presbiterio. Anselmo Lurago finalizó el complejo en 1755, añadiendo el campanario. La yuxtaposición de la ancha y voluminosa cúpula con la fina torre del campanario presenta uno de los más sorprendentes contrastes arquitectónicos que marcan el cielo de Praga. En su interior, resulta imposible abarcar con una sola mirada la vasta nave en tonos rosas y verdes, todas las esquinas desbordan dinamismo.

Desde Malostranské Namestí, girando a la izquierda se llega a la Nerudova ulice, que debe su nombre al periodista y poeta checo Jan Neruda, de quien Pablo Neruda tomó su nombre artístico. Esta callejuela empinada marcaba antiguamente el último tramo del Camino Real, que recorría el rey antes de su coronación y continúa siendo la mejor manera de llegar al Castillo. En este extremo de la calle es aconsejable echar un vistazo al Palacio Bretfeld de estilo rococó, situado en el número 33. El edificio es más estimado por su valor histórico que por su arquitectura. Fue aquí donde residía Mozart junto con el libretista Lorenzo da Ponte y el anciano Juan Jacobo Casanova, en la época en que se estrenó la ópera 'Don Juan', en 1787. La Malá Strana se vio de nuevo ligada a Mozart cuando sus calles sirvieron de escenario para representar la Viena del siglo XVIII durante el rodaje de la película 'Amadeus' del director checo Milos Forman.

A la altura de los arcos del número 13, más o menos frente a la Kostel Panny Marie Ustavicné Pomoci u Kajetánu, Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de los Teatinos, obra de Santini, se esconde uno de los numerosos pasadizos serpenteantes que de noche confieren a la Malá Strana su encantador aspecto fantasmal. Del pasadizo se sale a la parte alta de la calle Trziste enfrente del Schonbornský Palác, Palacio Schönborn. Franz Kafka ocupó un piso en este edificio desde marzo hasta agosto de 1917, tras abandonar la Calle Dorada.

Descendiendo por Trziste se llega a la calle principal, Karmelitská ulice. Aquí, a su derecha, en el número 25, una discreta puerta esconde la entrada al íntimo Vrtbovský Palác, Palacio y Jardines Vrtba. Los Jardines Vrtba ofrecen una de las mejores vistas sobre los tejados de Malá Strana. La estatua de piedra de Atlas, sobre la entrada a los jardines, es obra de Mathias Braun y data de 1720.

Caminando a lo largo de la Karmelitská se alcanza la acogedora Kostel Panny Marie Vítezné, Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, donde se custodia uno de los objetos de culto más venerados de Praga, el Prazské Jezulatko, el Niño Jesús de Praga, traído desde España en el siglo XVI.

Cruzando Karmelitská y bajando por la pequeña Prokopská ulice, frente al Palacio Vrtba encuentra la que fuera Iglesia de San Procopio, de estilo barroco, que en la actualidad ha sido convertida en bloque de viviendas. Al final de la calle aparece la tranquila Maltézské Namestí, Plaza Maltesa, bautizada así en honor a los Caballeros de la Orden de Malta. En el centro de la plaza hay una escultura que representa a San Juan Bautista, obra de Ferdinand Brokov erigida en 1715, para conmemorar el final de una plaga. Siguiendo por la calle Lázenská se desemboca en la Velkoprevorské Namestí, Plaza del Gran Priorato. El palacio que da a la plaza está considerado como uno de los edificios barrocos más acabados de la Malá Strana, aunque al albergar la Embajada de Malta permanece cerrada al público. Enfrente del palacio se alza la suntuosa fachada de color naranja y blanco del Palacio Buquoy, diseñado por Giovanni Santini en 1719, sede de la Embajada de Francia. Frente a estos monumentos del barroco se eleva el Muro de la Paz de Lennon, un peculiar monumento a la resistencia pasiva de la juventud checoslovaca contra el antiguo régimen comunista. Bajo el socialismo real la música rock estaba oficialmente proscrita, y los estudiantes adoptaron al ex Beatle como símbolo de rebeldía. En la parte inferior de la plaza, un diminuto puente conduce al otro lado del afluente Certovka hasta la Isla Kampa. Nada más torcer la esquina de la derecha se desemboca en los Jardines Kampa. Los bancos situados en la ribera izquierda del río son un lugar muy apreciado a la hora de contemplar la ciudad.

Prosiguiendo en dirección norte hacia el Puente de Carlos y pasando por debajo se alcanza la calle U Luzického Semináre. Esta zona es conocida como la Venecia de Praga. La casa número 1 es la posada U tÍí Pstrosu, Las Tres Avestruces, uno de los hoteles más antiguos y de mayor encanto de Praga. El propietario del edificio original, que se remonta al siglo XVI, era el proveedor de plumas de avestruz de la Corte. Más abajo, el parque Vojanovy Sady constituía los antiguos jardines del Convento de las Carmelitas Descalzas y en la actualidad forma parte del Ministerio de Hacienda y en él se organizan a menudo exposiciones de escultura moderna que contrastan con las dos capillas barrocas y la Estatua de San Juan Nepomuceno sobre un pez, obra de Ignaz Platzer.

Hay otro parque bellísimo que merece una visita, el Zahrada Valdstejnského Paláce, los Jardines de Wallenstein. Está ubicado junto a la calle Letenská.

La Zona del Castillo (Hradcany)

Al oeste del Castillo, sobre la colina, se extiende la zona residencial de Hradcany, la ciudad que surgió a comienzos del siglo XIV a partir de una serie de monasterios e iglesias. Tantos acontecimientos históricos en una zona tan pequeña convierten al Castillo en todo un desafío. Los pintorescos alrededores del Castillo de Praga, con sus insuperables vistas del casco antiguo y la Malá Strana son un estupendo lugar para pasear.

Los dos de los edificios más destacados de Praga, el Castillo de Praga, Prañský hrad y la Catedral de San Vito, Katedrála Svatého Víta, se encuentran en Hradcany.

Comenzando por la Nerudova ulice, que se extiende unos cientos de metros al sur del Castillo de Praga en dirección este-oeste, subiendo la escalinata guardada por dos estatuas de santos, se llega a la Loretánská ulice, desde la parte posterior se puede contemplar una privilegiada panorámica de las cúpulas y torres barrocas de San Nicolás y la Malá Strana. Cerca de allí se encuentra el Strahovsky Kláster, el Monasterio de Strahov. Fundado en 1140 por la Orden Premonstratense, fue convertido en el Museo de la Literatura Nacional, Památník Národního Písemnictví Museo de la Literatura Nacional. El edificio de mayor interés es la Biblioteca de Strahov, que guarda una colección de primitivos manuscritos checos, el Nuevo Testamento de Strahov (siglo X) y las obras del célebre astrónomo danés Ticho Brahe. También es digna de visitar la Sala Filosófica.

En la Loretánské Namestí se encuentra la Iglesia de Loreto, de estilo barroco. La elaborada fachada, con su voluptuosa torre, fue construida en 1720 por Kilian Ignaz Dientzenhofer. Lo más espectacular de todo es la pequeña exposición que hay en la planta superior, donde se guardan los tesoros religiosos ofrendados a María en agradecimiento por los favores recibidos, incluyendo una custodia incrustada con 65.000 brillantes.

Cruzando la calle se llega al Cernínský Palác, Palacio Chernin, con sus 29 semicolumnas que alberga el Ministerio de Asuntos Exteriores. Durante la II Guerra Mundial fue la sede del Protectorado del III Reich. Al final de Loretánské Namestí, se puede pasear hasta la zona conocida como Novy Svet, que significa Nuevo Mundo a pesar de que este barrio es un claro ejemplo del estilo de la vieja Europa. Novy Svet es una pintoresca callejuela con casas con fachadas del siglos XVII y XVIII que albergaron en otros tiempos a los habitantes más pobres de Praga. En la actualidad muchas de estas casas han sido convertidas en talleres de artistas. La última de esta calle, el número 1, llamada "Del Grifo Dorado", fue lugar de residencia del astrónomo de la Corte, Ticho Brahe.

El Palacio Martinic conduce a la Hradcanské Namestí, la Plaza Hradcanny con su fabulosa mezcla de casas barrocas y renacentistas, coronada por el propio Castillo. La casa que hay frente al Palacio Martinic, en el número 7, fue la residencia de Mozart.

El Arcibiskupský Palác, Palacio Arzobispal, de estilo barroco, sólo se abre al público el Jueves Santo. A la izquierda del Palacio Arzobispal existe un pasadizo que conduce a la Národní Galérie, Galería Nacional, ubicada en el Sternberský Palác, Palacio Sternberg, que fue acabado en 1707. La Galería Nacional expone una maravillosa colección de arte. En el primer piso se exhibe una colección de iconos y otras muestras de arte sacro, que datan desde el siglo III hasta el XIV. Subiendo por el otro tramo de escaleras a la derecha, se encuentra la joya de esta pinacoteca, toda una sala repleta de pinturas de Cranach, además de una variedad de obras de Holbein, Durero, Brueghel, Van Dyck, Canaletto y Rubens, hasta llegar a Picasso, Matisse, Chagall y Kokoschka.

Al otro lado de la plaza, frente a la galería, destaca el bello grafito del Schwarzenberg-Palác, Palacio Schwarzenberg. El edificio fue construido para la familia Lobkowitz entre 1545 y 1563. En la actualidad es la sede del Museo Militar, uno de los mayores en su género en Europa.

Castillo de Praga

A pesar de su monolítica presencia, el Castillo de Praga esconde una serie de edificios levantados entre los siglos X y XX unidos por patios interiores. Las construcciones más importantes son la Catedral de San Vito, claramente visible alzándose sobre los muros del castillo, y el Palacio Real, residencia oficial de reyes y presidentes y donde aún radica el centro del poder político en la República Checa.

Tras franquear la verja de hierro forjado, custodiada por soldados y por la feroz Batalla de Titanes, copia del original de Ignaz Platzer de 1770, se llega al Primer Patio, První nádvorí. Este patio es uno de los últimos añadidos del castillo, fue encargado por la Emperatriz Habsburgo María Teresa y diseñado por el arquitecto de la Corte Nicolò Pacassi a mediados del siglo XVIII. Actualmente forma parte del complejo de oficinas de la Presidencia. Contemplar la Puerta de Matías, Matyásova Brána es un placer. Construido en 1614, el pórtico de piedra se alzaba imponente delante de los fosos y puentes que rodeaban el Castillo. Bajo los Habsburgo el pórtico sobrevivió al ser incorporado como relieve en el palacio. Al traspasar la puerta se pueden ver los salones ceremoniales de mármol blanco a ambos lados que conducen a los salones de recepción del presidente de la República Checa. Estos salones no están abiertos al público.

El Segundo Patio fue la principal víctima de los intentos que realizó Pacassi para dotar de clasicismo a la fortaleza. Salvo por la vista de las agujas de la Catedral de San Vito, que se alzan sobre el Palacio, es muy poco lo que puede contemplarse desde aquí. Edificado a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, este patio formaba parte de un programa de reconstrucción anterior, encargado por Rodolfo II bajo cuyo reinado Praga gozó de un auge cultural sin precedentes. Una vez que la corte de Praga fue establecida, el Emperador se rodeó de algunos de los mejores artesanos, artistas y científicos de la época, entre los que se encontraban los brillantes astrónomos Juan Kepler y Ticho Brahe.

Rodolfo II reunió una enorme colección de arte, instrumentos y monedas, de la que se conserva una pequeña parte en la Hradní Galerie, Galería del Castillo, a la izquierda del segundo patio. Además de obras de artistas de fama mundial como Tiziano, Rubens y Tintoretto, se pueden contemplar las obras más insólitas de pintores como Hans von Aachen y Bartolomé Spranger y de los pintores barrocos de Bohemia Jan Kupecký y Petr Brandl. El pasadizo que conduce a la entrada de la galería es la entrada norte del Castillo que conduce hacia el exterior a través de una hermosa cañada conocida como Jelení Príkop, el Foso del Ciervo.

El segundo patio alberga también los Relicarios de Carlos IV que se encuentran dentro de la Kaple Svatého Kríze, la Capilla de la Santa Cruz. Entre estos se incluyen bustos de plata de estilo gótico de los principales santos de Bohemia y una colección de huesos y vestiduras de diversos santos.

En el Tercer Patio llaman la atención las graciosas torres de la Catedral de San Vito. Esta catedral gótica, que se encuentra entre las más bellas de Europa, tiene una historia larga y compleja, que comienza en el sigloX y se extiende hasta 1929. Su majestuosa fachada occidental recuerda a Notre Dame de París, aunque aquí se trata de estilo neogótico del siglo XIX. Las seis vidrieras que se ven a la izquierda y derecha y el gran rosetón que hay detrás son auténticas obras de arte.

Cruzando la puerta a la derecha se encuentra la Capilla de San Wenceslao, minuciosamente decorada. Esta capilla, de forma cuadrada, con una tumba del siglo XIV en la que descansan los restos del Santo, es el corazón de la parte antigua de la Catedral.

Wenceslao, el rey bueno que se recuerda en los villancicos, fue un cristiano convencido en una época de paganismo generalizado. En el año 925, siendo Príncipe de Bohemia, fundó una iglesia dedicada a San Vito en este lugar. Pero Boleslao, hermano del príncipe, estaba impaciente por hacerse con el poder y cuatro años más tarde tendió una emboscada a Wenceslao, cerca de una iglesia al norte de Praga. Wenceslao fue enterrado en esta iglesia y a su tumba se le atribuyeron tantos milagros que no tardó en convertirse en centro de adoración del pueblo. En el 931 Boleslao se vio por fin obligado a rendir honores a su hermano y ordenó que sus restos fueran trasladados a la iglesia de San Vito. Poco después, Wensceslao fue canonizado.

La rotonda de la Catedral fue sustituida por una basílica románica a finales del siglo XI. Las obras se llevaron a cabo sobre el edificio existente en 1344 por iniciativa del hombre que posteriormente se convertiría en Carlos IV.

La pequeña puerta que hay en la parte de atrás de la capilla conduce a la Cámara de la Corona donde se custodian las joyas de coronación de los reyes bohemios. Permanece cerrada bajo siete llaves que guardan siete personas distintas por lo que no se abre al público. En el mismo lateral, cerca de la parte trasera de la Capilla de Wenceslao, un pequeño cepillo marca la entrada a la Cripta, muy interesante principalmente por la información que ofrece sobre la historia de la Catedral. A medida que desciende por las escaleras se ve a la derecha la parte de la antigua basílica románica. Un poco más lejos, en un nicho a la izquierda, están los cimientos de la rotonda.

El Oratorio Real fue utilizado por los reyes y sus familiares para oír misa. Construido en 1493, es un ejemplo perfecto del gótico tardío, adornado en su parte externa por un enramado de piedra. Este oratorio está conectado con el palacio por un pasadizo elevado que puede verse desde el exterior.

Las guerras husitas del siglo XV pusieron fin a la primera fase de la construcción de la Catedral. Durante el corto período de paz, antes de que estallara la Guerra de los Treinta Años, se había descartado la idea de acabar la edificación debido a la falta de fondos. La Catedral se cerró con un muro que se construyó frente a la capilla de San Wenceslao.

El contraste entre el frío y oscuro interior de la Catedral y las coloridas fachadas de Pacassi del tercer patio es sorprendente. Las limpias líneas del patio son obra de Plecnik Josip de los años treinta, el pavimentado también de Plecnik tenía por objeto cubrir un submundo de calles y muros que databan del siglo IX hasta el XII, y que fueron descubiertos cuando se finalizaron los trabajos de la Catedral. Plecnik añadió algunas características eclécticas para llamar la atención. Una columna de granito para conmemorar a los caídos en la Guerra Mundial, un pedestal de mármol negro para la Estatua gótica de San Jorge y la peculiar bola dorada que corona la Fuente del Aguila y marca la entrada al Královsky Palác, Palacio Real.

En el interior del Palacio Real existen dos puntos principales de interés. El primero es el Vladislavský Sál, Salón de Ladislao, el mayor espacio interior gótico que existe en Centroeuropa. Esta enorme sala fue completada en 1493 por Benedict Ried, que fue para el gótico tardío de Bohemia lo que Peter Parlér fue para su versión más temprana. La sala produce una sensación de espacio y de luz suavizada por las líneas de los techos abovedados bellamente rematados por las ventanas ovaladas del Renacimiento temprano, un estilo que comenzaba a abrirse paso en Centroeuropa. En sus días de auge, en esta sala se celebraban torneos, mercados festivos, banquetes y coronaciones. En tiempos más recientes, sirvió de marco para la investidura de presidentes, desde el comunista Klement Gottwald en 1948 hasta Václav Havel en 1990.

El segundo punto de interés es la Cancillería de Bohemia. Esta sala fue construida por el mismo Benedict Ried, apenas diez años después de que fuera acabada la sala, pero muestra una influencia renacentista mucho más fuerte. Pasando por el portal renacentista se accede a la última cámara de la Cancillería. Esta sala fue el escenario de la Segunda Defenestración de Praga que tuvo lugar en 1618, acontecimiento que marcó el inicio de la rebelión bohemia que desembocaría en la Guerra de los Treinta Años.

La salida al patio del Palacio está en la Sala de Ladislao. Antes de salir, se deben visitar otras estancias como la Capilla de Todos los Santos, la Cámara del Consejo, donde los nobles de Bohemia se reunían con el rey en una especie de Parlamento y la Escalera del Jinete, por la que entraban los reyes cuando asistían a los torneos.

Antes de salir del Palacio Real se visita la Jirské Namestí, Plaza de San Jorge, en cuyo flanco oriental se eleva la Basílica de San Jorge, Bazilika Svatého Jirí, de estilo románico. Esta iglesia fue construida en el siglo X por orden del Príncipe Vratislav, padre del Príncipe Wenceslao. Su exterior fue remodelado a comienzos de la época barroca, aunque su sorprendente color rojizo es el mismo que presentaba originalmente en el siglo X. El interior, sin embargo, después de una importante renovación, presenta un aspecto similar al que tenía en el siglo XII y es el monumento románico mejor conservado de la República Checa. El efecto es a la vez austero y plácido, el cálido amarillo dorado de los muros de piedra y las pequeñas ventanas de triple arco exhalan una sensación de permanente armonía.

Junto a la basílica se encuentra el antiguo Kláster Svatého Jirí, el Convento de San Jorge, sede de la colección de Arte Antiguo de la Galería Nacional Checa. Este museo tiene una colección de arte checo desde la Edad Media que incluye estatuas religiosas, iconos y trípticos, además de otros temas más mundanos de la escuela manierista y la voluptuosa obra de los pintores de la corte de Rodolfo II.

Bajando por la Avenida de San Jorge se desemboca en la Zlatá Ulicka, Avenida Dorada con una encantadora colección de diminutas casas antiguas pintadas en vivos colores y tejados altos e inclinados que se aprietan contra la muralla del fuerte. Según la leyenda, aquí se alojaba el grupo internacional de alquimistas que Rodolfo II trajo a su corte para que fabricaran oro. La realidad es menos romántica, estas casas fueron construidas en el siglo XVI para los guardianes del Castillo, quienes completaban sus ingresos con la producción de artesanía, fuera de la jurisdicción de los poderosos gremios. A comienzos del siglo XX, la Avenida Dorada se convirtió en lugar de residencia de artistas y escritores pobres. Franz Kafka vivió en el número 22 en 1916 y 1917.

En Jirská Ulice se levanta el Lobkovický Palác, Palacio Lobkovitz. Desde comienzos del siglo XVII hasta la década de los cuarenta, este edificio fue la residencia de la poderosa familia católica Lobkovitz. Una restauración en los años setenta le devolvió al edificio su original aspecto barroco y en la actualidad alberga una exposición permanente sobre la historia checa desde el inicio del Gran Imperio en el siglo IX hasta el levantamiento nacional checo de 1848. También se expone una copia de las Joyas de la Corona aunque las piezas más apreciadas son las biblias iluminadas, los instrumentos musicales de época, las monedas, armas, decretos reales, cuadros y estatuas.

Al salir del Palacio Lobkovitz y del Castillo por la puerta este se puede descender por la romántica Staré Zámecké Schody, Antigua Escalinata del Castillo, cubierta de enredaderas, que desemboca en la estación de metro Malostranská. Una línea directa conduce hasta la Plaza de Wenceslao, estación Mustek.

BOHEMIA

La turbulenta historia checa ha dejado una marca indeleble en el suave paisaje de Bohemia más que en ninguna otra parte de la República Checa. Con Praga en su corazón y Alemania y el antiguo Imperio Austro-Húngaro en sus montañosas fronteras, el reino de Bohemia se ha visto sacudido durante siglos por conflictos religiosos y nacionalistas, por invasiones y guerras. Pero gracias a su situación geográfica, Bohemia se ha beneficiado también de la riqueza y diversidad culturales de Europa Central. El resultado es una magnífica colección de castillos, ciudades amuralladas y balnearios, que reflejan un pasado difícil de encontrar en cualquier otra región de Centroeuropa.

SUR DE BOHEMIA

El sur de Bohemia es famoso especialmente por su participación en las guerras religiosas husitas del siglo XV, que se centraron en torno a la ciudad de Tábor. Pero la zona cuenta además con un enorme patrimonio bien conservado de ciudades amuralladas, construidas a lo largo de siglos por generaciones de familias nobles que dejaron tras de sí magníficos ejemplos de arquitectura gótica, renacentista y barroca, especialmente notables en Ceský Krumlov. Más hacia el norte y de fácil acceso desde el este de Praga, se encuentra la ciudad de Kutná Hora, que antiguamente rivalizó con Praga como capital del reino (véase información ampliada en la sección 'Excursiones de un día desde Praga').

EL OESTE DE BOHEMIA

El Oeste de Bohemia fue hasta la II Guerra Mundial la residencia de los personajes ricos y famosos de Europa Central. Sus tres célebres balnearios, Karlovy Vary, Mariánské Lázne y Frantiskovy Lázné, más conocidos con sus nombres alemanes de Carlsbad, Marienbad y Franzensbad, eran de visita obligada para muchos personajes importantes como Johann Wolfgang von Goethe, Ludwig van Beethoven, Carlos Marx y el rey Eduardo VII de Inglaterra, por nombrar sólo algunos. A pesar de haber sido sometidos a una estricta proletarización durante la época comunista, los balnearios continúan presentando un aura nostálgica de un pasado más elegante con una infraestructura turística que convierte la visita a estos lugares en un auténtico placer.

Karlovy Vary (Carlsbad)

Esta impresionante ciudad-balneario de Bohemia se encuentra a 140kilómetros al oeste de Praga. Carlos IV ordenó en 1358 construir un pabellón de caza, fundando una ciudad a la que dio su nombre, Karlovy Vary (que significa 'Hervidero de Carlos'). La ciudad se emplaza en el valle del río Tepla. Es el mayor balneario del país, dotado con una excelente infraestructura hotelera para diversos tratamientos hidroterápicos. Las aguas termales afloran a la superficie por 12 manantiales desde profundidades de 2.000 a 2.500 metros, y a unas temperaturas entre 41 grados y 72 grados centígrados. El mayor y más caliente de ellos es el manantial Sprudel, con un volumen de dos metros cúbicos por minuto, y a una temperatura en la superficie de 72 grados. Estas aguas tienen efectos curativos sobre el sistema nervioso, riego sanguíneo y glándulas de secreción interna. Ha sido frecuentado desde su fundación por personajes ilustres. Entre sus monumentos destacan la Torre de la Colina de Palacio, la Iglesia barroca de Santa María Magdalena, el Patio de Correos, la Casa de los Tres Negros y la Iglesia de Pedro y Pablo de rito ortodoxo.

Karlovy Vary se distingue, además, por sus porcelanas cuya calidad está basada en el caolín con que se fabrican. También se fabrica un agua de colonia llamada 'Flores vivas', en cuyos frascos se introduce una flor natural. Otro producto célebre de Karlovy Vary es el licor de Becher, llamado el 'decimotercero manantial de Karlovy Vary', licor estomacal elaborado a base de hierbas por el farmacéutico Josef Becher en 1806, y que desde entonces se consume en todo el mundo.

Sin embargo, el producto más importante de Karlovy Vary es el famoso cristal de Bohemia marca Moser, fundada en 1892. Si se considera al cristal de Bohemia como el de más calidad del mundo, el cristal Moser es el de mayor calidad de entre todos los de Bohemia, siendo conocido como 'el cristal de los reyes'.

NORTE DE BOHEMIA

El Norte de Bohemia es una región paradójica, mientras gran parte era expoliada durante 40 años por la rampante industrialización, todavía hoy se puede disfrutar en algunos lugares de zonas de gran belleza natural. Ondulantes colinas, inmejorables para practicar el senderismo, guardan las frontera septentrional del país lindante con Alemania y Polonia. Los amantes del montañismo y de la acampada suelen dirigirse a los Montes de los Gigantes (Krkonose) junto a la frontera con Polonia, esta cordillera no es tan alta en realidad, pero sí muy pintoresca. Dirigiéndonos hacia el oeste, el interés histórico aumenta, en una zona en la que la influencia alemana se ha hecho sentir de manera más trágica que en las estaciones termales. La ciudad más afectada fue Terezín, más conocida como el campo de concentración de Theresienstadt. La ciudad fortificada de ladrillos rojos fue utilizada como modelo de gueto judío durante la Segunda Guerra Mundial.

BOHEMIA CENTRAL

En la Bohemia Central merecen especial atención el Castillo de Karlstejn y el de Konopiste (véase información ampliada en la sección 'Excursiones de un día desde Praga'.

Plzen (Pilsen) es conocida sobre todo por ser el centro de producción de cerveza y por haber dado su nombre a un tipo específico de esta bebida, 'Plzensky Prazdroj' o 'pilsener', y en España 'pilsen'. Se dice que bien pudiera ser la mejor cerveza del mundo, pero en cualquier caso no hay duda de que posee una excepcional calidad. La República Checa es uno de los cinco países del mundo que más cerveza consume, y la mayor cantidad de esa cerveza se produce en Pilsen. La fábrica local de cerveza es lógicamente la mayor atracción turística de la ciudad, pero no es fácil visitarla, ya que a veces hay que hacer reservas hasta con dos semanas de antelación.

MORAVIA

Moravia cuenta como máximo atractivo con pintorescos pueblos y onduladas colinas que bien valen como mínimo una visita de un par de días. Su buen vino y su música folclórica se disfrutan aún más en un marco de paz lánguida y rostros simpáticos.

EL OESTE DE MORAVIA

Al oeste, en las tierras altas que marcan la frontera con Bohemia, ciudades como Jihlava y Telc resultan indistinguibles de la versión bohemia. Las bellas plazas, con sus arcadas, son buena muestra de la prosperidad de que gozaba esta región hace algunos siglos.

Telc

Telc fue fundada en el siglo XIV por los señores feudales de Hradec como asentamiento fortificado, con un castillo separado de la ciudad por una gran muralla. En 1992 Telc fue declarada 'Patrimonio de la Humanidad', distinción que contrasta con el relativamente pequeño número de turistas que se animan a visitarla. La magnífica plaza antigua de la ciudad está rodeada en tres de sus lados por casas renacentistas construidas sobre las ruinas de sus predecesoras góticas, destruidas en el gran incendio de 1530. Destacan en el conjunto arquitectónico de la ciudad la Torre Románica, al este de la plaza, y la Columna Mariana, de estilo barroco, en armonía con el resto del cuadro. Pero el monumento más representativo de Telc es el Catillo del Agua, de 1568, en el extremo occidental de la plaza. Cerca del castillo se encuentran también el Museo Histórico Local y la galería de arte Zrzavy, en la que se muestra una reproducción a escala de la ciudad del siglo pasado, siendo curioso observar como ésta apenas ha cambiado en cien años.

SUR DE MORAVIA

El sur, junto a la frontera con Austria, era hasta hace poco una de las zonas del 'Telón de Acero' más vigiladas. La vida de los pueblos está marcada por la cultura del vino, Znojmo, Mikulov y Valtice son para la República Checa lo que las pequeñas ciudades del Weinviertel, al otro lado de la frontera, son para Austria.

Brno

Brno alcanzó la prosperidad en el siglo XIX al convertirse en el centro industrial del Imperio Austro-Húngaro. A comienzos de este siglo, la ciudad atrajo a los mejores arquitectos jóvenes que trabajaban en los estilos cubista y constructivista. La experimentación no se limitó a la arquitectura. Leos Janácek, importante compositor de comienzos de la época moderna, también vivió y trabajo en Brno. La tradición modernista se mantiene hasta el día de hoy y muchos opinan que la ciudad cuenta con el mejor centro de arte dramático del país.

En el norte de Brno se encuentra el Karst Moravo, una bella región natural con gran abundancia de cuevas, túneles y ríos subterráneos, resultado de la erosión cárstica. Muchas cuevas están abiertas al público y algunas visitas incluyen paseos en bote por ríos subterráneos. Más al norte se encuentra Olomouc, la segunda capital de Moravia, una ciudad industrial aunque no carente de encanto y con una larga historia como centro universitario. Paradójicamente, a pesar de encontrarse bastante apartada de la frontera austriaca, Olomouc continuó siendo un bastión de los Habsburgo y de su Imperio, en una época en la que los gritos de independencia resonaban por toda Bohenia y Moravia. En 1848, cuando los levantamientos generalizados amenazaban con derrocar la Monarquía, los Habsburgo huyeron a esta ciudad en busca de protección. Francisco José fue incluso coronado en Olomouc aquel mismo año.

Las verdes colinas a los pies de la Cordillera Beskydy arrancan justo al este de Olomouc y son perfectas para pasar un día o dos practicando senderismo. Si continúa hacia el este encontrará los espectaculares picos de los Tatras que son un excelente punto de partida si desea explorar los Altos Tatras, el este de Eslovaquia y la región meridional de Polonia.

El Castillo de Slavkok (Austerlitz), situado a 25 kilómetros de Brno, ha pasado a la historia ya que en sus alrededores tuvo lugar la Batalla de Austerlitz, también conocida como la de los 'Tres Imperios', entre el ejército napoleónico y los combinados de Austria y Rusia en 1805. Se trata de una bella construcción barroca, edificada según los planos del arquitecto italiano Martinelli. La decoración interior es obra de maestros vieneses e italianos, y conserva colecciones artísticas y documentos relativos a la batalla.



 

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